El día acabó como era normal que acabase: al lado de la taza del water llena de vómito. El cuerpo de Foffo, excluyendo su cerebro, no había aguantado el impacto del hashish y había puesto en marcha todos sus recursos para liberarse de aquella presencia que le parecía fastidiosa. Después de vaciar su estómago, Foffo se tumbó en mi cama desecha y se abandonó a un sano sueño reparador.
No fui al bar ese día, y ya imaginaba a la gente decepcionada que seguramente se había depositado como polvo en mi vana espera. Seguramente habrían preguntado al dueño del bar por mí y, habiéndose cerciorado de mi ausencia, presos del pánico, habrían recorrido toda la ciudad en el tentativo de procurarse un poco de vida a bajo precio.
Mi casa esa noche respiraba un aire distinto. Había dejado de representar la parte de la cueva del lobo y, por una vez, podía cumplir el rol que le pertenecía, el de una casa. La presencia de Foffo daba un sentido hasta a la máquina del café para dos, o a la mesa con cuatro sillas, de las cuales tres nunca se habían usado. Hasta la cama de matrimonio se sentía realizada albergando a un visitante, aunque éste fuese fugaz. Fui a dar una ojeada en el dormitorio; Foffo estaba bien, incluso roncaba, y yo me sorprendí respondiendo a una llamada que, sino hubiera sabido que estaba hablando de mí, la habría confundido con el instinto paterno del cual siempre había oído hablar y casi nunca lo había visto aplicar. Estaba preocupado por alguien, y no por algo, como estaba acostumbrado.
Me preparé un porro y me senté en el sofá para mirar la pared. Aquella noche, en la pared amarillo nicotina de mi salón, estaban proyectando “Los recuerdos de un camello”, melodrama protagonizado por actores semidesconocidos, de los que se cogen de la calle, como en tiempos de Zavattini, pero sin veleidades artísticas.
¿Cuántos retrasos había acumulado durante el periodo en el cual había estado jugando a póquer con las matrículas? Hay momentos en que mi vida me parece inútil como un reloj sin manillas. El tiempo no va hacia delante ni hacia atrás, permanece quieto: las 18:30 son las 18:30 eternamente, las 15:15 no consiguen llegar a las 15:20. Y mientras, todos los relojes del mundo avanzan regularmente aparentemente realizados en señalar la hora exacta. El reloj sin manillas intenta averiguar la hora exacta sin tener los medios para hacerlo e, inevitablemente ,se equivoca. Sin reloj se llega siempre o demasiado pronto o demasiado tarde, hasta que el tiempo que te separa del momento exacto es irrecuperable, y de nada sirve lamentarse luego. Es mejor dar la impresión de vivir en un mundo sin calendarios y sin horas, sin estaciones y sin citas. Como si no existiese un mañana.
Son los relojes puntuales los que amargan la existencia a todos los demás o, por lo menos, de esto se convence el reloj sin manillas. Hasta que, por pura casualidad, un día llega la fantasía de una vida vivida en el momento justo, y de repente, llega el ansia que había amueblado sus días
como un papel para la pared de pésimo gusto. Apagué la pared. El sol había desaparecido y yo tenía hambre.
¿Qué hora era?
martes 9 de febrero de 2010
EL CAMELLO (CAPÍTULO V: SOBRE LOS RELOJES SIN MANILLAS)
jueves 21 de enero de 2010
EL CAMELLO (CAPÍTULO IV - LA MÚSICA ES DENSA)
“¿Qué quieres?”
“¿Cómo estás hoy, gran jefe?”
“Déjame: he dormido muy mal...”
“Lo siento. Bueno, no.”
“Mira, no tengo el cuerpo para aguantar tonterías. Ves a jugar con los Lego y no me jodas.”
“Nunca he jugado con los Lego. Quiero fumar, ¿me das un porro?”
“Otra vez con la misma historia... Y además me apuesto que aún ni siquiera has dado una calada a un cigarro...”
“Aprendo deprisa, pero necesito que alguien me dé la posibilidad de hacerlo.”
“Está bien. ¿Quieres aprender? Entonces seré tu mejor maestro... Ven conmigo.”
“¿ Adónde?”
“ Tú calla, inténtalo al menos por cinco minutos, y sígueme...”
Pagué el café, saludé a un par de personas quedando con ellas más tarde. Fofo me seguía a un metro de distancia con una expresión entre asustado y asombrado. Entramos en el portal de mi finca y, por un instante, me pareció sentir aún el olor nauseabundo de la pesadilla de la noche anterior. Subimos las escaleras en silencio, abrí la puerta de casa con un gesto teatral, como si fuese su mayordomo. “ Adelante, póngase cómodo señor”, le exhorté. Él permaneció durante algún segundo machacado por la duda de estar haciendo una tontería, pero venció su orgullo y entró.
Empecé enseguida a liar un porro, cogiendo un buen trozo de piedra marrón de un bloque de un kilo. Él se había quedado de pie, con el abrigo puesto, cerca de la ventana, como si pensara tirarse por ella en caso de algún peligro inesperado. Me dieron ganas de reír. Tenía los ojos desorbitados y se agitaban como una bestia en una jaula. Acabé mi trabajo.
“Quítate el abrigo, relájate y siéntate en el sofá. Estás a punto de realizar una nueva experiencia. Si te gustará, lo decidirás después.” Siguió al pie de la letra mis instrucciones y permaneció a la espera con las manos en medio de las piernas. Encendí el equipo de música. Elegí con cuidado el tema para poner entre los miles de CD que componían mi colección. Finalmente me decidí por “The End” de los Doors. La música empezó a llenar todos los espacios vacíos de nuestro silencio y a silenciar los ruidos de la calle. Después encendí el porro.
Una ráfaga densa de humo ganó el cielo para después huir rápidamente por la ventana.
“Te toca”, dije perentorio. “Tienes que respirar como si estuvieses en la montaña y quisieras coger una bocanada de aire puro. Aguanta el humo en la boca y trágalo muy despacio, porque las primeras veces quema y podrías toser y echarlo todo a perder.” Fofo me escuchaba con mucha atención, aferró el porro con los dedos y se lo llevó a la boca. Dio una gran bocanada, como hacen todos los principiantes, y acabó tosiendo, como le había dicho. “ Aspira menos, tonto... no eres de amianto”. Lo intentó de nuevo y esta vez logró tragarse el fruto de mi trabajo.
Aspiró una y otra vez. “Para un poco, deja reposar a los pulmones”, le sugerí. Hacía minuciosamente todo lo que le decía, como un buen alumno. Poco después vi sus pupilas que comenzaban a dilatarse y los ojos llenarse de pequeñas venitas rojas. El hashish empezaba a mantener sus promesas.
“¿Qué sientes?”
“ Me siento ligero. La música... la música, en cambio, me pesa...”
Sonreí.
“Nunca me había dado cuenta que la música pudiera ser así de densa...”
Me levanté y lo dejé solo mientras preparaba un café.
Afuera el mundo discurría ignorante de la música y de su densidad. Me pareció más triste que nunca, o a lo mejor era sólo mi reflejo en el cristal que lo hacía así de triste. Me fijé en los coches que pasaban, por la calle oscura, y empecé a jugar a póquer con los números de las matrículas. Tres siete, tris; dos ocho y tres dos, full. No conozco una manera mejor de gastar mi tiempo que no sea malgastándolo.
miércoles 30 de diciembre de 2009
EL CAMELLO (CAPITULO III: LOS GATOS DE FOFFO)
Me despertó apretándome el estómago un olor agrio, denso e insoportable. Di la culpa al desagüe del baño y a la mala digestión de mi compañero de piso. Me levanté aún cansado buscando cualquiera de mis cinco sentidos para encontrar las zapatillas de estar por casa y arrastrarme hasta el lavabo. El agua brotó del grifo precedida por un eructo, fría y marrón. Después le cambió el humor y me lavó la cara sin hacerme demasiadas preguntas. Evité, como siempre, mirarme al espejo para no tener que someterme a su juicio, me vestí con cualquier cosa de las que protegen del frío y me apresuré a ir a mi puesto de trabajo.
Abrí la puerta de casa y me atacó enseguida en la garganta el mismo olor que me había despertado, pero mucho más insoportable y fuerte, si eso era posible. Dí una ojeada distraída al patio y enseguida me di cuenta que las paredes no estaban manchadas por el moho de siempre, sino de algo oscuro y viscoso. Me acerqué a la pared: parecía sangre. Seguí las manchas para entender de donde provenían o sólo para dar un sentido a aquella imagen. Las líneas marrones partían cada una de un sitio diferente, esparcidas de manera casual sobre la pared, para confluir todas en un rincón no iluminado del patio. Me moví lentamente y, cuando mis ojos cayeron sobre el único rayo de sol que penetraba por la ventana del piso de arriba, me di cuenta que un animal muerto yacía esanime delante de la puerta del vecino. Era un gato. Tenía el vientre completamente descuartizado y sus tripas esparcidas en círculo alrededor de su cuerpo. Me puse una mano en la boca y me alejé disgustado. Me giré hacia las escaleras que daban al piso de abajo pero, cuando apenas había bajado cinco escalones, vi otro gato con el craneo machacado mirándome torcido con el único ojo que le quedaba. Sentí una sensación de sofoco y corrí rápidamente por la rampa intentando respirar un poco de aire fresco. Las escaleras estaban completamente diseminadas de gatos muertos, todos mutilados, con sus órganos pegados a las paredes y sangre por todas partes. Resbalé sobre un hígado o un intestino, no recuerdo bien, y acabé con la cara llena de algo pegajoso y asqueroso. Me levanté enseguida, intentando desprenderme esos trozos de tejido, y continué mi carrera preso del pánico. La distancia para llegar al portal parecía infinita y me costaba evitar todos aquellos cuerpos de gatos destrozados esparcidos por el patio. Tenía ganas de vomitar pero sólo conseguía hacer conatos que me hinchaban las venas de las sienes y me quitaban el aire. Finalmente llegué al portal. El atrio parecía una ciénaga de carne muerta y sangre. Por todas partes había cabezas abiertas de felinos o sin ojos, pezuñas que flotaban en charcos ennegrecidos. Intenté abrir el portal, pero la manilla no giraba.
Foffo apareció de repente con la cara aplastada sobre el vidrio del portal. Reía y su aliento distribuía un halo húmedo alrededor de su cara que le hacía parecer un monstruo. “Déjame salir hijo de puta!”, grité sin que un solo sonido consiguiese salir de mi boca. “ Déjame salir! Quítate de ahí cabrón! Quítate!”…
Me encendí un cigarrillo para intentar quitarme el recuerdo de aquella pesadilla, pero me costó una hora volver a recuperar la calma y a convencerme de que había sido sólo un sueño, un horrible sueño. Empecé a preguntarme que significado podía tener, pero poco después mis pensamientos empezaron a apagarse lentamente hasta ser casi imperceptibles. Me volví a dormir y aquella noche no produje ninguna otra visión.
Por la mañana me levanté tarde y, aunque no lo quería admitir, me costó abrir la puerta y bajar al bar.
lunes 14 de diciembre de 2009
EL CAMELLO (CAPITULO II: LAS CALLES DE ROMA)
En invierno, por la noche, Roma se convierte en un hormiguero de calles iluminadas por los escaparates, donde la gente se agita para intentar confundir sus propias sombras con las charcas viscosas que inundan las calles. Los edificios, bronceados por el tubo de escape de los coches, parecen gigantes que alzan los brazos en el intento de esconder el cielo y sus promesas a los transeuntes distraidos. Es fácil perderse en Roma, fácil como meterse en dirección prohibida, por una calle en dirección contraria, por una calle peatonal, como equivocarse de mujer o de trabajo, como apuntar al centro y no dar ni siquiera en los lados. En Roma, hay algo que chirría entre los pliegues de su historia; algo que se insinúa entre una pirámide y un plano regulador de los años ochenta, que pasa irreverente entre una cúpula de Bernini y un McDonald, y que recuerda de donde venimos y hacia donde vamos. Te puedes enamorar para siempre de esta ciudad o llegar a odiarla con todas tus fuerzas e intentar huir de ella a un sitio muy lejano. Pero de Roma no se escapa.
Cualquiera sea la distancia que te separa de ella, Roma encontrará siempre la manera de llegar a tu corazón y hacer que eches de menos hasta los agujeros del asfalto que te han destruído la suspensión del coche, ese domingo por la noche, en un callejón de periferia donde ni siquiera un perro ha sabido dar remedio a tu mirada atemorizada.Cinco millones de personas, y cuando lo necesitas no hay nadie.
Yo, en cambio, estoy siempre. En el Bar de los Ángeles, de la mañana a la noche, fiel a mi deber como la Guardia Suiza. Foffo se había convertido en una pieza de la decoración del bar, también él fiel a no se cual promesa consigo mismo y convencido, más que nunca, en respetarla. Observaba a todos, sentado en compañía de su propio astío y de algún chaval que esporádicamente le hablaba sin obtener nada a cambio.
Un día lo ví levantarse y dirigirse hacia mí.
“Dame un porro”, me dijo sin ni siquiera saludarme.
“A tu edad yo jugaba con los Masters, ¿por qué no te vas a casa? Aquí sólo pierdes el tiempo.”
“No tengo tiempo, no tengo nada, así que no tengo nada que perder. Deja de darme el sermón y dame un porro.”
“Como quieras. ¿Tienes diez euros?.”
“¿Un porro diez euros? ¿Estás flipao? ¿O crees que porque sea pequeño puedes tomarme el pelo?.”
“ Yo vendo porros, tu quieres porros. El precio lo decido yo.”
“No tengo diez euros… Puedo llegar a cuatro…”.
“Entonces hoy no fumas. Lo siento. Bueno, no lo siento.”
No paró ni un momento de mirarme con ojos amenazadores. Ni siquiera cuando se giró para desaparecer por una esquina. Aceleré mis negocios con un par de personas nunca vistas, una comitiva de adolescentes y un par de clientes habituales. Me había olvidado de Foffo y de sus pretensiones, cuando lo ví salir de la nada detrás de mí.
“ Toma el dinero, dame el porro.”
“¿De dónde lo has sacado?”
“¿Y tú de dónde has sacado el porro?.”
“Ahhhhhh… ¿Te haces el duro, mierdecita?”
“Dame el porro, tengo el dinero.”
“No quiero, no te lo doy.”
“Me cago en…”
“Desaparece, me aburres.”
“Yo desaparezco, pero cuando ya no me veas, aparecerán dos personas vestidas de azul que te harán preguntas. Intenta ser sincero porque, normalmente, saben como obtener la verdad.”
“Acércate… un poco más…” Acerqué mis labios a su oido. “Si me pasa algo, si llega la policia, yo te busco, te encuentro y te hago trocitos.” Sonreí exagerádamente. “¿Me has entendido, mierdecita?”
Se quedó mudo, con su mirada clavada en la mía, sin pestañear.
Después desapareció de nuevo por una de esas calles de Roma abarrotadas de fincas populares donde es tan fácil perderse y no encontrar ninguna indicación. Confundió su sombra con las charcas, como hacían todos. Pero su mirada, su mirada se me quedó clavada, una mirada que mi sueño tardó en quitarse de encima mientras me agitaba insomne en la cama.
viernes 11 de diciembre de 2009
EL CAMELLO (CAPITULO I: SOBRE PELOTAS PINCHADAS)
Buenos chicos. Sacudid la cabeza, movedla como los perros que están con las cadenas en la parte trasera de los coches, como estais acostumbrados a hacer. ¿Droga? Y agitad la cabeza… ¿Camello?
Y dale con la cabeza… Y mientras el jefe se mueve displiciente, las manos, más sinceras que cualquier rezo,licuano, desmenuzan, destapan, enrollan los billetes… Os descubrís sólo cuando estais seguros de no ser vistos, y haceis las cuentas no con vuestra conciencia, sino conmigo.
Soy un camello.
Un traficante de hashish, no vendo muerte, sino la única posibilidad que teneis de olvidar.
Me parece casi ver mi reflejo en tres dimensiones sobre vuestras débiles imaginaciones, diseñado como un hombre de color, seguramente clandestino, o vestido con un impermeable negro, escondido en la oscuridad, la cara cubierta por una sombra de una lámpara manchada de varniz. Al fondo una periferia degradada, una metrópoli mala como el peor de los cristianos, que mendiga el perdón sin ser él capaz de perdonar.
Imaginadme así: feo, sucio y malo. Marginado, perdedor, como querais, a mí me da igual. No me importa ser juzgado porque no me importais, que no sabeis ni siquiera quien sois y cuando lo sabeis ostentais ignorancia esperando la comprensión de la moral. Yo soy el viejo que pincha los balones a los chicos, el vecino pesado, vuestra espina en el costado, vuestro peor detractor. Pero es a mí a quien buscais el sábado por la noche, cuando os dejan sueltos y os meceis en la ilusión de ser libres. Es a mí a quien buscais para intentar atravesar el mar de tedio que llena los domingos por la tarde. Podeis hacer creer que sois cualquiera en la luz del sol, pero conmigo, en aquel callejón oscuro donde creeis que yo me tengo que esconder, allí tirais la máscara y estais desnudos frente a vuestro único salvador.
Conocí a Foffo en el Bar de los Ángeles. Era un chaval, pero ya había decidido lo que no quería hacer, y seguramente entre aquellas cosas estaba la de no ir a la escuela. Pasaba las mañanas con un videojuego, o escuchando las palabras de los “grandes”, que de grande sólo tenían la lista de los fracasos por archivar. Yo también pasaba los días en el bar, aunque no tenía nada que olvidar. Estaba por negocios, y no creo que os tenga que decir de que tipo. Por la mañana se hacen más negocios. Por la mañana la gente se levanta y tiene ganas de vomitar. Tiran por el desagüe del lavabo su coraje y les tiemblan las piernas de pensar la secuencia de acciones fotocopiadas que tendrán que honorar. Miran hacia atrás y no saben explicarse como han acabado así. Es como un dolor de muelas, débil pero constante. Y en ese momento buscan la medicina. Les han enseñado que hay siempre un remedio que la sociedad ha inventado para aliviar los dolores que provoca, y cuando no la tiene se la inventa. Bandadas de adolescentes se extrujaban como avejas en el panal, dividiéndose el dinero de la compra. O jóvenes padres de familia que después de haberlo intentado con el capuccino, preferían ahogar sus tristezas en una buena piedra de chocolate marroquí.
Confiaban en mi puntualidad y en mi presencia, que son las cualidades esenciales que un buen camello debe tener, en mi discreción y, sobretodo, en el hecho de que en aquel momento éramos cómplices. El único cómplice que tenían en la vida, el único que satisfacía sin juzgar, sin tratarlos como drogadictos. El único que les consentía no esconder aquello que estaban obligados a esconder a la mujer, las madres, a los colegas. Les habría pinchado el balón, si hubiesen tenido uno. Pero ellos no podían saberlo, y confundían mi trabajo por una actividad filantrópica, así al menos por un poco, podían seguir teniendo confianza en el mundo y en sus miserias.
viernes 6 de noviembre de 2009
COSAS POR LAS CUALES VALE LA PENA VIVIR
Asistir al parto de tu hijo, verlo llorar por primera vez,saber que tendrás la posibilidad de hacer por él todo lo que le haga falta. Verlo crecer y observar que se convierte en la persona que tu habías soñado que se convertiría.
El abrazo cálido de tu compañera, de tu mujer, de la persona que amas, por la noche, cuando todo parece perdido y descubrir que sólamente lo habías olvidado entre sus brazos. Estar con ella toda la vida porque es lo que quieres con todo el corazón, decirse todavía “te amo” y creerlo de verdad.
Ver claro tu futuro, estar seguros de lo que se quiere y saber realizarlo. Ser constantes, coherentes, saber crearse dudas y al mismo tiempo ser capaces de diluirlas.
Levantarse por la mañana de buen humor, abrir las ventanas y respirar el aire fresco. Preparar el desayuno, estar bajo la ducha media hora y después ir a trabajar, entre compañeros sinceros y leales, con jefes capaces de ver tus cualidades, saber valorizarlas y remunerarlas como se merecen.
Vivir en el país donde has nacido, donde formas parte de su cultura y donde te sientes orgulloso de vivir. Un país donde todos tengan las mismas posibilidades, donde todos puedan acceder indistintamente a todos los servicios repartidos en igual medida entre todos los ciudadanos de ese Estado. Poder comprarte una casa en ese sitio sin estar obligado a vender un riñón, esperar tranquilo una vejez donde no se tiene la sensación de ser sólo un zapato usado.
Tener buenos ideales, creer en ellos y vivir según sus principios. No sentirse nunca abandonados por la esperanza, darse cuenta de la presencia del hilo que une nuestra existencia a la del prójimo. Sentirse cansados y tener aún la fuerza de pensar que a lo mejor un día habremos realizado por lo menos una cosa por la cual vale la pena vivir.
miércoles 28 de octubre de 2009
LAS VIEJAS FOTOS DE MI ABUELA
Mi abuelo no era ni fascista ni comunista ni nada. No tenía suficientes nociones para pensar. Le habían enseñado a soportar el peso de haber nacido pobre y a aceptar cualquier oportunidad para llegar al final del día con la barriga llena. Mi abuela era la rica del pueblo, mi abuelo un trabajador incansable con dos manos precozmente arrugadas y poco más.
Es que yo no estaba, y puedo sólo imaginar, reconstruir a través de las historias y de sus recuerdos cubiertos por el polvo dejado por el pasar de los años. Mi abuela que salía de casa para ir a coger el agua en la plaza, o para ir a misa los domingos, mi abuelo que la observaba esperando que le devolviese la mirada para intentar hablarle sin levantar sospechas. Imagino la sonrisa de mi abuela por la noche, antes de dormirse, recordando el semblante de su admirador. Quien sabe como se imaginaba que sería su historia con él, en que año y en que lugar sacaba las fotografías que colgaba en su fantasía para poder observarlas a escondidas cuando se apagaba la última luz y escuchaba en silencio su corazón vibrar.
Los padres de mi abuela no aceptaban esa relación, pero ella tenía aquellas fotos aún expuestas en una vitrina lejana de todo, sobre todo de la realidad, y nunca habría permitido que alguien las quitase de allí. Renunció a todo, también cuando la guerra le quitó cualquier cosa a que poder renunciar. Escogió a mi abuelo y se escapó con él.
Mi abuela no amaba a mi abuelo, y mi abuelo el amor no sabe ni siquiera que es, ya que no se puede ordeñar, ni da huevos, ni se puede cocinar en la chimenea. El amor para mi abuelo es el deber de dar de comer a un puñado de hijos y dejar todos los días mil liras a su mujer para ir al mercado. Mi abuela ahora tiene ochenta y cinco años y no se encuentra muy bien en realidad. A veces la veo sentarse en el sofá y fijar la mirada en una esquina del techo. Quien sabe, a lo mejor ve aquellas películas suyas en blanco y negro, cuando era joven y las bombas no daban miedo, cuando ella aún tenía que encontrar el cruce donde se perdió. O, a lo mejor, a lo mejor busca aquellas fotos, las fotos que había colgado en su fantasía, donde posaba con un vestido blanco en el parque, con una sonrisa verdadera que enmarcaba su felicidad, aquella felicidad que, en el fondo, nunca ha conocido.
lunes 5 de octubre de 2009
EL EJEMPLO EQUIVOCADO
Si hubiésemos seguido el ejemplo de los pájaros, en este momento viviríamos en el aire, y elegir el pertenecer a un sitio habría sido más difícil. Si hubiésemos seguido las corrientes templadas, cada año buscando el mejor lugar para gastar nuestras vidas, nos habríamos ahorrado la fustración de encontrarnos en el lugar donde no queríamos estar en el momento en que no queríamos estar. Bastaba haber seguido el ejemplo de los pájaros e inventar nuevas rutas que recorrer sin el miedo de las direcciones prohibidas y las calles sin salida.
Si hubiésemos seguido el ejemplo de los árboles, en este momento nadie se habría sorprendido al ver a un hombre contemplar el viento. Por comida, el sol y el agua, sin colas en el supermercado y problemas de monedas para el carrito de la compra. El futuro un horizonte fijo que avanza en vertical robando el sentido de la marcha atrás junto a su carga de recuerdos. Si hubiésemos seguido el ejemplo de los árboles, la lluvia nos habría nutrido en lugar de mojarnos, y la noche habría sido sólo un ciclo más.
Si hubiésemos seguido el ejemplo del mar, en este momento nos habríamos dado cuenta de ser sólamente contenedores de vida, y nadie habría hecho trampas jugando a las cartas. Entre nosotros y el cielo habría habido sólo un átomo de diferencia. No nos habría costado ningún esfuerzo llegar, ya que habríamos estado en cualquier lugar y en ningún lugar, habitados y habitantes. El arrepentimiento habría sido vapor, y el aburrimiento una isla para explorar.
No lo sé, no sé que ejemplo hemos seguido. Solo sé que seguramente es el equivocado.
lunes 14 de septiembre de 2009
MANZANILLA
Roma en agosto es, esencialmente, canto de cigarras y gorgoteo de fuentes en las plazas. A las dos de la tarde ni siquiera parece que estés en una ciudad atravesada normalmente por cinco millones de personas. El asfalto se venga de las heridas causadas por las ruedas de los coches, emanando un calor pegajoso que parece gustar sólo a los mosquitos; los turistas, quemados por el sol, sudan enfrente de un monumento del que ni siquiera saben su nombre, abanicándose con todo lo que encuentran; algún perro pasea con la lengua fuera y buscando un pañuelo de sombra donde depositar su cansancio; los ancianos abandonados en el único bar que ha quedado abierto, sorben los recuerdos diluídos en el chinotto y están atentos a no hacerse demasiado daño durante los silencios de las conversaciones. En Roma, en agosto, es casi imposible encontrar un poco de maria.
Totino y Falbo, montados en la moto color caspa de la hermana de Luca, habían ya recorrido todo el barrio de Cento Celle y la Garbatella escudriñando, una a una, todas las esquinas donde habitualmente los chavales espabilados de la ciudad intentaban pasar el mes con la venta de paquetes plateados a diez mil liras cada uno, pero sin resultado. Estaban todos de vacaciones, la mayoría en Torvajanica, los más afortunados en Rimini y los nobles en Barcelona, donde se contaba que las noches no se acababan nunca y a las chicas te las ligabas en menos de siete minutos, aunque nunca nadie había traído pruebas al respecto. De todas formas, la capital, en ciertas ocasiones, cumple plenamente su deber, dando, por lo menos, la ilusión de tener una serie de posibilidades infinitas para resolver los pequeños problemas cotidianos, como puede ser la búsqueda de maria. Aún quedaban algunos barrios, de esos olvidados por algún plan regulador, para batir como cazadores en busca de su presa, y cuando la última de las periferias deludía las espectativas, aún quedaban los campos de gitanos, peligrosos pero seguros al cien por cien. “Totino, ¿Te acuerdas de El Verdugo? Ese gordo que vive en una esquina en los Ponti... El amigo de Paolo. ¿Sabes si nos podría ayudar?” Y allí que van con la moto atravesando la Laurentina, carretera que empieza donde viven los jugadores de fútbol, los banqueros, donde reside la abundancia y el lujo, y termina donde no llega ni siquiera la esperanza.
I Ponti no es un barrio, es como un Estado dentro del Estado, uno de los muchos paises autónomos que la gente finge no ver, limitándose a evitarlos por miedo a descubrir que, después de todo, esta sociedad va a cagar donde es más fácil no ser visto y ni siquiera tira de la cadena, segura de que nadie se quejará del olor. Es una carretera ancha y larguísima, proyectada para ser un barrio residencial pero que, poco a poco, se ha convertido en una maqueta de Beirut después de los bombardeos. Ni la policía se atreve a entrar, es tierra de nadie, es decir de todos. Los Ponti son una serie de puentes encima de esta carretera, dentro de los cuales tendrían que haber surgido tiendas, pero la gente los usa para hacer tráficos ilícitos. El Verdugo vivía allí, en una de esas cuevas donde viven los hombres primitivos modernos, y si no hubiese elegido dedicarse al comercio ilegal, nadie lo habría buscado o habría sabido de su existencia.
Totino se quedó afuera vigilando, mientras Falbo entró adentro.”Verdugo! Soy Totino, el amigo de Paolo. ¿Estás ahí?. En la lejanía se oía el eco de la voz de Raffaella Carrà riéndose, el llanto de un niño, un golpe de origen desconocido, el sonido de una moto. Allí no había nadie, ni siquiera el Verdugo se había quedado a sufrir el calor y el aburrimiento.
“Mierda!, El Verdugo no está, ¿y ahora?”.
“No lo sé Totino, estoy hasta los huevos de dar vueltas con este calor. ¿Y si nos vamos a beber una birrita?”.
“Podemos ir a buscar al centro social, allí siempre hay algún negro…”
“No tengo ni puta gana Totino. Estoy harto.”
“¿De qué estás harto?.”
“De estar siempre buscando algo para vivir, bueno, para aparentar que se vive. ¿Pero no ves dónde estamos? ¿No te das un poco de asco?”
“Pero que coño dices!! ¿Se te ha ido la pinza? ¿Quieres pasar todo el verano sin maria?”
“No cambia nada Totino, no cambia una mierda. Vámonos a casa…”
“Pero, mírate… Pareces imbécil cuando hablas así. No te entiendo”
“Ya sé que no me entiendes, o a lo mejor no me quieres entender Totino, porque te conviene…”
“Bueno, vale, escucha… En casa tengo un poco de manzanilla que me ha regalado mi abuela, cogida en el campo… Es muy buena… A lo mejor si nos la fumamos nos coloca…”
“Vale. Vamos a probar esta manzanilla, venga… Con un poco de suerte me duermo y me olvido de todo. Venga, arranca este trasto…”
viernes 4 de septiembre de 2009
LO MEJOR DE LAS MUJERES
Si hay una cosa que envidio de las mujeres, una cosa que ellas tienen de toda la vida, desde que son pequeñas, que forma parte de su ser, de su formación, y es parte fundamental de su sensibilidad, y de lo que a mí siempre me ha faltado, son las tiendas de ropa.
Un hombre sale de casa para comprarse ropa nueva, ¿ y qué encuentra? Pantalones vaqueros, hoy con tendencia neoyorquina (que no hay nada más ridículo que un chico de Rebibbia haciéndose pasar por uno de Brooklyn), cuatro zapatillas de deporte fluorescentes, si tienes suerte, o como alternativa unos mocasines color marrondespuesquehascomidomucho, camisas de empleado cerca de la jubilación, o, por el contrario, otras que sólo se pueden poder los anoréxicos, camisetas de colores absurdos con escritos y símbolos de conceptos oscuros, como debe haber sido la mente de quien las ha diseñado. Eso. La decadencia del hombre en el 2009 encuentra su más alto significado en el momento de exponer su propia personalidad a través de la apariencia, a través de la forma.
Como si a nosotros la fantasía se nos negara por la fuerza, como si alguien pensara en nuestro lugar que a un hombre le basta con cubrirse. Y dejemos de lado el hecho de que no disponemos de maquillaje o embellecimientos para mejorar un poco, que no podemos exponer nuestros atributos sexuales (¿ o es que han inventado el Wonderbra para el paquete?), que objetivamente un hombre con falda da ganas de vomitar, pero, per lo menos, ¿ no se podrían esforzar un poco más? No, parece que no se puede.
Me encuentro en uno de estos centros comerciales mil escaparates iguales, y veo entre diez tiendas de electrónica, veinticinco de ropa interior femenina, sesenta y seis de ropa de mujer, quince joyerías, dieciseis perfumerías, escondido detrás de un Mac Donald, una tienda para hombres. Me quedo quieto e inmóvil delante del escaparate esperando alguna inspiración. Y sin embargo, sólo veo mi cuerpo rechoncho reflejado en el cristal, que también hoy se quedará así, adornado por un par de pantalones lisos, una camisa mal planchada y zapatillas de los 80 pasadas de moda, imaginándose dentro de cualquiera de las cosas absurdas que pretenden venderme por un tercio de mi sueldo.
Que os den….
martes 4 de agosto de 2009
QUIERO CAMBIAR DE VIDA! BUENO NO, MEJOR ME CORTO EL PELO…
Y, naturalmente, yo tampoco soy inmune a este fenómeno esquizonarcisisticovaginal.
Un día vas por la calle con tu barriga sebosa y el peinado descompuesto por el sudor de tu último viaje en metro, con un rizo impertinente que se burla de ti detrás de tu oreja, cuando ves pasar delante de ti a un tío tipo Banderas de dos metros de alto, bronceado y con un corte de pelo que parece una escultura más que una melena. Entonces piensas que si te haces ese corte de pelo, a lo mejor, te regalan al mismo tiempo los músculos, la piel se te oscurece y, como en el cuento de Cenicienta, por arte de magia creces cuarenta centímetros.
Ya lo has decidido. Quieres ese corte de pelo.
En tu cabeza tienes la fotografía perfecta de cómo quieres que el peluquero te corte el pelo. Te sabes de memoria la posición de cada bulbo pilífero, y en tu ingenuidad postadolescente, crees que es suficiente con explicárselo a ése que ahora se hace llamar “hair stylist”, para convertirte en la fotocopia de ese tío tipo Banderas.
Entras en la peluquería con una sonrisa de cincuentaydosdientescolornicotina, exhibiéndote con raros espectáculos de comicidad take away, derretido como John Travolta en su famosa película "Fiebre del Sábado Noche". Te sientas y comienzas a describir como el aprendiz Miguel Ángel debe esculpir su Piedad. Y él te dice: “No te preocupes… déjalo en mis manos”. Tú cierras los ojos, pensando donde tendrás que meter a todas las sesenta y cinco mujeres que saltarán encima de ti nada más salgas de allí. Y dónde las llevarás a comer, ya que cada una es de una nacionalidad diferente. Imaginas que tendrás que pedir un préstamo para poder comprar ciento cuarenta cajas de preservativos excitantes para ella, retardantes para ti, simpáticos para ambos. Pero, como pasa muy a menudo en la vida, llega un momento que tienes que abrir los ojos.
El espejo refleja la imagen de una cara blanca y rechoncha con el pelo alisado y engominado, que deja ver tus orejas de soplillo y resalta la incipiente calvicie de un trentañero exhausto por las fatigas de la vida.
Es el fin. La muerte del sueño. El “hair stylist” te guiña el ojo, como si presentara su obra de arte al mundo, y te dice: “¿Lo ves?, Estás guapísimo…” Y tú querrías escupirle, ponerte a llorar, destrozarle el diploma donde dice que ha ganado el premio “Cabello Creativo 2005” y pincharle las ruedas del coche. Pero en lugar de eso, te limitas a asentir con la cabeza.
Otro verano sin comerme una rosca. Esperemos que el pelo crezca rápido….
viernes 24 de julio de 2009
AVARICIA
Me acuerdo muy bien de los primeros tiempos de mi relación con Amanda. Nos conocimos, como sucede a menudo, en una cena con amigos en común. Un vaso de vino, una broma, yo no buscaba nada y ella tampoco, por lo menos eso me dijo, pero nos encontramos y nos recogimos del suelo, como se recoge un objeto brillante que se ve en una acera y que se coge para no quedarse con la duda de haber perdido algo de valor. Pero raramente se encuentra un collar de oro y diamantes abandonado en el suelo. Al final te encuentras la misma cadenita de plata y la consideras un tesoro sólo porque no es la acostumbrada mierda de perro.
Nosotros empezamos así, arañando un Rasca y Gana esperando ganar por lo menos el precio del billete. Después las cosas se complicaron.
Yo era la película y ella su sonido. Desincronizados. El tiempo pasaba y cada vez más a menudo yo hablaba sin que me salieran las palabras y ella entendía aquello que mis frases no habían dicho. Me asaltó escondida, en este tetris afectivo, la sensación de algunas carencias indefinibles, como ciertos dolores abdominales después de una cena abundante. Y en una confusión de intentos recíprocos, me hice ilusiones creyendo que sería suficiente la lista de la compra para abastecer las creencias vacías de mi conciencia de amante fracasado, para conseguir cocinar un plato que me apetecía cada vez más pero que aún no había logrado identificarlo. Las ganas, con el tiempo, se trasformaron en deseos, los deseos en necesidades, las necesidades en frustraciones, las frustraciones en ansias, el ansia en confusión. La confusión mezclada con otra confusión conduce al caos, y en ese momento te pierdes completamente y se inicia a mover el bastón como los ciegos para intentar encontrar una pared con la cual orientarse.
Le pedí más atenciones, pero cuando me preguntó a que cosa tenía que prestar más atención, no supe que contestar. Le pedí que me amara más, pero cuando afilando los cuchillos me preguntó cuantos kilos quería y de que calidad, permanecí en silencio. Mis angustias disueltas en el malestar se convirtieron también en las suyas, y suya la culpa de mi ser vago. Si me amaba de verdad tendría que haber sabido que hacer con esa enfermedad incurable que mordía el sueño todas las noches; si yo no conocía el origen de la fuente de agua corrompida en la que me estaba ahogando, la culpa residía en su falta de interés por encontrarla, y si ella no tenía el dinero para pagar mi preciosa e inútil presencia en su vida, yo comencé a guardar para mí mi tesoro de latón. El resentimiento comenzó a pedirme su justa venganza que, como en un guión, no tardó en venir.
Empecé a guardarme para mí todos mis secretos, todas mis impresiones, todos mis discursos. Metí en una fortaleza cerrada todos mis sueños y comencé a dispensar mis mejores palabras, como hacía el avaro de Molière con sus monedas de oro; las charlas entre nosotros asumieron el aspecto de un veneno que habría matado, lenta pero inexorablemente, nuestra relación como si fuese la más pérfida de las torturas chinas.Comencé a pedir una entrada por cada emoción recitada, hasta que el espectáculo no valía ni siquiera el precio de la entrada, y como cualquier espectador aburrido, Amanda abandonó el teatro sin reclamar el precio de la entrada.
Ahora paso los días mirando mi tesoro acumulado y preguntándome para que sirve tener todas esas joyas acumuladas sólo para mí, sin gastarlas o invertirlas en algo. El tiempo pasa. Tengo un armario lleno de ropa pasada de moda, de recuerdos llenos de humedad, de dinero falso que sólo sirve para rellenar los huecos dejados por mis elecciones erradas. Y ese malestar, esa sensación de caos sin solución,esas añoranzas esperando ser colmadas están siempre ahí, cada vez más grandes, tan ruidosas que aún me despiertan sin que ningún tranquilizante las pueda hacer callar.
Y yo me siento igual de inútil que mis pertenencias, tanto tiempo guardadas sólo para mí, como el polvo que me ha enterrado el alma y que ya nadie tiene ganas de quitar.
martes 21 de julio de 2009
CONVIVENCIAS
CEREBRO: Dios mío, que mal me encuentro esta mañana, me duele todo…
HIGADO: Yo me levanto todas las mañanas como tú, querido…
CORAZON: Cuestión de suerte. Yo estoy todo el día sentado en el sofá. Podemos decir que hasta me aburro…
CEREBRO: Así cualquiera… nadie se cansa de no hacer nada, ni se equivoca…
CORAZON: Oye guapo, baja esos humos: yo estaré sentado todo el día, pero no puedo parar ni un momento. Tú, en cambio, funcionas poco y mal…
CEREBRO: Mira quien habla, estúpida masa de grasa y membranas. Te recuerdo que soy yo quien decide como funcionan las cosas aquí…
CORAZON: A mi me parece que no, guapo. A mí aquí no me manda nadie…
HIGADO: Me entran ganas de vomitar…
CEREBRO: Ándate con ojo, seboso, que si me da la gana, le hago tener todos los días ganas de tortellini con nata y mantequilla a este tonto que nos lleva dentro. Dos meses así y te despedimos…He visto en la tele un modelo de plástico y hierro que no está nada mal… Y mucho más simpático que tú…
HIGADO: Bleachhhhhaaa…spoltt!
CORAZON: Pobre tonto… es suficiente con no bombearte sangre un segundo para convertirte en una planta grasa, y además fea… así que no me pongas nervioso, por favor.
HIGADO: Me siento una mierd… Bleachhhhhhaaaa… rispott!
CORAZON: Quieres mandar a alguien a ayudar a éste? Está manchando todo, no lo ves?
CEREBRO: Yo decido cuando sucede algo aquí. A mí no me molesta, aquí arriba no llega el olor. Tú ten cuidado a no ahogarte…
CORAZON: Mira que eres gilipollas… Ya me has hartado… espera que…
CEREBRO: A mí no me das miedo, sabes. El viejo truco del “paro todo” conmigo no funciona. Así que continua a batir y cállate!!
CORAZON: No me provoques arrogante de mierd…
CEREBRO: Na na na na na – no te escucho- na na na na – lo que digas te rebota… Na na na na na..
HIGADO: OOOOOOOhhhhh!!!! Muero… gh…
CORAZON: Oh-oh…
CEREBRO: Oh-oh…
miércoles 8 de julio de 2009
EL LAPSUS DE TIEMPO QUE PASA ANTES QUE CONSIGA METERME UN PRESERVATIVO
Ah!
No asì de bien, coño!
viernes 3 de julio de 2009
EL CRISTO VAGO
viernes 26 de junio de 2009
DE MAYOR
En la realidad vivo en un viejo apartamento escuálido y en lugar de absenta bebo cerveza, tengo muchos amigos gays,pero ninguno de ellos me matará sino les doy algún motivo para hacerlo. Me siento en una vieja silla de madera destartalada, es verdad, pero no puedo ver la Luna porque me la tapan los edificios. Las mujeres me evitan, pero por otros motivos, y alguien, a lo mejor, piensa que estoy loco. Escribo relatos en una escribanía mientras como pizza con mortadela, y mientras todos mis compañeros de trabajo ríen viendo videos porno en Youtube.
En el fondo he satisfecho el cuarenta por ciento de mis sueños adolescentes. A muchos les ha ido peor.
jueves 25 de junio de 2009
SOY SUPERSTICIOSO
Es tradición en España, doce segundos antes de la medianoche en Nochevieja, engullir doce uvas, una cada segundo. Da buena suerte, dicen,algo parecido a nuestras lentejas, pero mucho más ligero para el estómago. El hecho es que en Italia es difícil, por no decir imposible, encontrar estas latitas con doce uvas listas para la ocasión. Las que he podido conseguir estaban en almíbar, si por almíbar podemos entender un líquido viscoso y maloliente, y además, en Italia, la cuenta atrás empieza cuando faltan diez segundos para la medianoche y no cuando faltan doce… Esto quiere decir que he tenido que ingurgitar doce uvas con sabor a meado de perro, con una desventaja de dos segundos. Tres uvas se me han caído, o las he escupido, no me acuerdo. En cualquier caso no creo que esto sea un signo de bienaventuranza…
Por suerte, yo, no soy supersticioso…
miércoles 17 de junio de 2009
PARA LOS POBRES
Para los pobres, para los pobres los domingos por la mañana, los sábados en el mar en la playa libre, los viernes en una cervecería de San Lorenzo. Para los pobres, para los pobres un libro nuevo de bolsillo, el cine el día del espectador, un paquete de cigarrillos para compartir los cigarros. Para los pobres, como no, para los pobres los pasteles en los días de fiesta, un restaurante rústico donde hacen bien los “spaghetti alla gricia”, los inevitables platos de mamá. Para los pobres, para los pobres un paseo en el parque dándote el sol en la cara y los chiquillos que se revuelcan en la hierba, el centro histórico de un pueblito no muy lejano, el bosque cercano al lago. Para los pobres, para los pobres un contrato temporal, diez euros de gasolina, la letra del coche de segunda mano, la factura de la luz. Para los pobres las promesas sin intenciones, la pérdida de la conciencia de clase, la muerte en el tajo. Para los pobres, para los pobres el paraíso como recompensa por el infierno, los paisajes desolados de las periferias en julio, un kilo de manzanas y nada de alcachofas que están muy caras. Para los pobres, para los pobres la historia, la poesía, la filosofía de los bares. Para los pobres, la cola en los supermercados donde hacen descuentos, la viejecita que no reconoce los diez céntimos, los libros usados para secundaria. Para los pobres, para los pobres el dentista de la mutua, un año para saber de que muerte se sucumbirá, la extracción del bazo en lugar del apéndice. Para los pobres, la calvicie, las arrugas, la celulitis. Para los pobres, para ellos y sólo para ellos, el metro abarrotado, el embotellamiento en hora punta, los trenes con retraso. Para los pobres, vivir al día, no preguntarse que ocurrirá, apretar los dientes, las pequeñas cosas en ausencia de las grandes.
Para los demás, para los demás todo el resto.
martes 16 de junio de 2009
YA NO TE AMO
Yo no entiendo nada. O sea, ¿pero qué quieres decir concretamente con “ya no te amo”? Y además, ¿ Qué significa exactamente “ya no te amo”? Es decir,¿ cuándo dejarás de ser tan oscura? ¿ Por qué no dices las cosas como están y te haces entender de una vez por todas? Quiero decir, porque si el problema es que no me lavo los pies antes de ir a la cama, se puede discutir, no hay que ponerse tan trágicos… Que además, te había ya pasado con la mozarella,¿ te acuerdas? El día anterior enloquecías por la mozarella y a la mañana siguiente dijiste que ya no la podías ver. Pero ahora, cuando la preparo con la salsa de anchoas y la ensalada, comes un poco, y a veces te he oído decir que estaba buenísima… Quiero decir, no se, podría cambiar de perfume… O sea, también podemos irnos de vacaciones, hacer un hijo, comprarnos un coche nuevo, todas esas cosas que hacen todas las parejas para intentar recuperar la relación. Pero,¿qué quieres decir con “ya no hay nada que recuperar”? Venga va, deja de jugar,¿qué me has preparado para cenar?, ¿ qué quiere decir “ la cena háztela tú sólo”?,¿ en qué sentido? A veces no te sigo Nadia, lo siento… Será que hemos crecido de manera diversa, que nuestra visión de las cosas ha ido poco a poco separándose, y ahora parecemos sólo las tristes contrafiguras de aquello que nos prometimos ser. Pero esto no puede ser el fin: les pasa a todos! A todos les pasa mirarse a la cara por la noche sin que una palabra te venga a la mente, sin sentir ninguna emoción, a veces con un poco de añoranza en la garganta,¿ pero qué problema hay? Se enciende la televisión, y todo pasa… ¿Qué hay que no funciona? O sea,¿ qué quieres decir con “me follo a otro”? Las cosas dilas todas , por favor, dime toda la verdad a la cara. Di lo que tengas que decir, haz tu trabajo sucio, sin medias tintas, yo aguanto todo. Es decir,¿ “me tienes hasta los huevos” te parece una afirmación lógica? Es que yo no te entiendo… habla claro Nadia: ¿estás intentando decirme algo?...
lunes 15 de junio de 2009
SIN SENTIDO
Me aprieto a uno cualquiera de los malestares de los cinco sentidos para saltar el vacío dejado por la huida de las esperanzas. Mientras escuchaba al aburrimiento he perdido de vista la finalidad y resbalando sobre una mancha de dudas me he golpeado la cabeza contra la arista de una pregunta. Desde ese día ya no recuerdo de que manera se muere, si se muere, ni donde he escondido mis miedos y que nombres les he puesto. Cuento el dolor de cabeza para saber cuantos años tengo, pero cuando llego a mil pierdo la cuenta y renuncio, enciendo la radio, el ventilador, el ordenador, el microondas y el móvil, pero me sigo sintiendo sólo, entonces me doy una ducha. A mis recuerdos les llamo de usted, mejor no dar demasiada confianza, en cambio con mis manos tengo una buena relación: recordarlo la próxima vez que queráis hacerme un regalo. Mis sueños no me hablan más desde aquella vez que intenté sustituirlos por un embuste bien dicho, aunque era un fraude, ya que me he quedado con la mitad de la cifra establecida intentando volver a pegar minúsculas partículas de verdad. En realidad es todo tan estrecho, que a duras penas pasan las letras que esconden su sentido dentro del sinsentido para ver si es verdad, como dice él, que al final todos los caminos van a Roma excepto los que no van.
viernes 12 de junio de 2009
PODIO
Los ojos han llegado los primeros, nadie puede ir más rápido que la luz. Poco después, en segunda posición y sin demasiado esfuerzo, han llegado los brazos, extendidos para no arriesgarse al fotofinish. Te han alcanzado hasta donde podían llegar, descubierta como si fueses el fondo del mar y yo un buscador de perlas. En tercera posición, un poco fatigados, han llegado los pulmones, que han empezado a oxigenarse. Ha sido el momento en que mi respiración se ha hecho canto en busca de aplausos y tú el instrumento que lo cantabas. El pene ha llegado cuarto, lúcido, mudo y sin prisa, ya que su especialidad no es la velocidad, sino la potencia. Ha ostentado su superioridad entre los corredores, seguro de su rol, el único que gana aunque llegue el último, porque es el único que cuenta para el público.
El corazón, el corazón ha corrido diez metros, después se ha parado. Demasiado recorrido, muy poco entrenamiento, lo ha intentado, pero no lo ha conseguido.
En el fondo para él, lo importante es participar.
lunes 1 de junio de 2009
UNA MUERTE CUALQUIERA
Un segundo después de morir, lo primero que he pensado ha sido: “Dios mío me he manchado todo!”. Y me he tocado, para comprobar que todo estuviese en orden. Pero estaba muerto, era evidente. Veía mi cuerpo por tierra, una pierna doblada sobre si misma, la cabeza partida, y una mancha de sangre en el suelo, que mirándola bien parecía que formase la silueta de Europa. Di una patada a ese cuerpo, pero no se movió. Le di una más fuerte, pero nada. Estaba muerto de verdad.
Entonces empecé a observarme mejor. Que extraño es verse desde fuera, verse como se ve a una persona de la calle, como a un desconocido. Tenía muchas más arrugas de lo que recordaba, y un lunar en la espalda, grande como una moneda de cinco céntimos, del cual no me acordaba. Mirándome tendido, en aquella forma destartalada, parecía un pequeño cerdo de crianza. Los pliegues adiposos en las caderas formaban pequeños escalones de carne, y sobre los riñones aparecían esponjosas colinas de grasa. Habría hecho bien en ponerme a dieta o hacer un poco de deporte, pero ahora ya…
Me senté delante de mí. Tenía una pinta tan tranquila… Después de todo no me he enterado de nada: salgo de la ducha, resbalo, pum. Fin. Me acordé de todas las personas que tenía que ver esa semana, de todos los compromisos. A lo mejor tendría que haber avisado en el trabajo que faltaría algún día, pero ahora ya…
Y pensé también en ti. Pensé en la pregunta que me habías hecho ayer, y sonreí cuando entendí que nunca tendrías la respuesta. Era tan importante para ti… A lo mejor tendría que haberte avisado: “cariño, lo siento, estoy muerto, esta noche no podemos vernos”. Pero ahora ya…
Miré a mi alrededor. Me vinieron a la mente todas las cosas que tenía aún que hacer, los proyectos por realizar, mis sueños guardados en naftalina, y aquellos guardados en el congelador. Tendría que haber vivido más, con más empeño, creer más en mi mismo. Pero ahora ya….Esperé. Algo tenía que pasar. Recordé haber leído en algún sitio sobre túneles de luz, sobre voces lejanas. Pero no sucedía nada. Entonces decidí enchufar la televisión y esperar que alguien me llamase.
Hace doce años que estoy en el sofá viendo la tele. A veces me acuerdo que estoy muerto y que estoy esperando que ocurra algo, entonces me levanto y miro por la ventana. A lo mejor pasa un ángel o algo que se le parezca. Pero nada. Me esfuerzo en pensar que podría hacer, pero después termina la publicidad y me vuelvo a sentar. Tendría que sentirme culpable por algo, lo sé. Sé que tengo alguna culpa. Sé que tendría que arrepentirme de algo. Pero ahora ya…
CUARTA LECCIÓN DE ESPAÑOL: LAS COSAS SE COMPLICAN
Mi profesor de español me explica que no se puede decir “soy enamorado”, porque la condición de enamoramiento es transitoria, y los españoles distinguen los estados transitorios de los permanentes, en cambio, en italiano sólo se distingue el tiempo que pasa entre una acción en el pasado o en el presente, sin tener en cuenta si será eterna o no. Por lo tanto, tiene sentido decir “soy italiano” porque lo seré por siempre, pero no tiene sentido decir “soy enamorado”, como seria en italiano, porque, se sabe, no lo seré por siempre. La forma correcta, traducida, es: “estoy enamorado”. Y esto, en realidad, me inquieta un poco, porque sugiere mil dudas existenciales que mi idioma, un poco villano, me evita: ¿yo “estoy de mierda” o “soy de mierda”? ¿“Estoy cansado” o “soy cansado”? ¿“Estoy sin una peseta” o “soy sin una peseta”? ¿“Estoy barrigón” o “soy barrigón”?
Ya está. El lío ya está hecho. Ahora si que “soy confuso”….
sábado 30 de mayo de 2009
LA MUJER A MITAD
En mis recuerdos el verano huele a tierra y a sudor de camisetas de cinco mil liras del mercado. Sandalias de plástico de colores trasparentes me apretaban los pies, que pisoteaban los senderos perdidos alrededor de los campos cerca de Viterbo, mientras persiguía a las mariposas. Mi abuela me llamaba desde la ventana para merendar a las cuatro de la tarde, y el olor de pan sin sal untadito con aceite y tomate llegaba mucho mas allá del seto que dividía nuestra casa de la de la vecina. Las zarzas formaban el muro que tenía que impedir que nosotros, los nietos, entrásemos en contacto con la que todo el pueblo llamaba la mujer a mitad y que la mala suerte, según la madre de mi madre, había hecho que viviese justo al lado de nuestro jardín. Nadie la había visto nunca, porque pasaba los días recluida en su casa, escondida, y también por eso yo no creía en su existencia que, de hecho, se sustanciaba en unos cuentos a medio camino entre las fábulas clásicas griegas y los cuentos de Lovecraft.
Escuchaba siempre con atención el domingo en la iglesia, después de la misa, a las pequeñas lenguas viperinas de las mujeres, que encerradas dentro de sus pañuelos negros, se pronunciaban sobre la bondad de la justicia divina que había querido castigar así a una encarnizada pecadora, elaborando para ella un sufrimiento ejemplar, un castigo merecido que servía de admonición para todas las chicas desvergonzadas que hubiesen querido seguir su conducta entre aquellos cuatro edificios que formaban el pueblecito. Las palabras afiladas y pulidas como flechas envenenadas, rebotaban en cada pared, en cada portal de la pequeña ciudad, se hinchaban como ecos en un valle y perpetraban el juicio a través de los años, sin posibilidad de apelación ni defensa. Aquellas palabras contaban una historia de amor o de una pasión pecaminosa, que para la viejas del pueblo era la misma cosa, de una joven mujer crecida demasiado de prisa como las rosas de mayo, de una guerra despiadada, de un soldado extranjero llegado de un lugar lejano en busca de refugio y calor. Narraban, a su manera, el relato de dos miradas que se encontraban en la oscuridad de una noche iluminada por las bombas, de dos cuerpos que se apretaban para protegerse, de carne que encuentra un abrazo consolador, y al final de una despedida repentina que rasga las esperanzas, la piel y que esparce el dolor y la desesperación, como los antiguos romanos esparcían la sal en las tierras conquistadas de sus enemigos más odiados. Se decía que cuando el extranjero desapareció de su vida, el aire se llevó, junto a su sueño de amor, la mitad de su alma, la mitad de su vida y la mitad de su cuerpo, destinándola a una existencia partida por la mitad.
Yo nunca tomé en serio aquella leyenda, que para mi que llegaba de una realidad donde lo máximo de la magia era el sonido del motor de la moto de mi primo, era poco más que una fábula para niños mucho más pequeños que yo. Era como pedirme creer en la existencia de Pinocchio que, desde hacia poco tiempo, había aprendido a identificar como la forma absurda de los mayores para intentar explicarnos la vida, acostumbrándonos a una sana difidencia con respecto a sus discursos. Después, una noche, en la cual me sorprendió la necesidad de ir al baño, que en aquellos tiempos estaba fuera de casa, en el jardín, cegado por el sueño que es el único confín que nos queda entre la fantasía y la realidad, acabé en el prado al lado del nuestro, el de la temida vecina. Me despertó del todo el ruido de un portazo violento, el cual hizo saltar mi mirada como el filo de una navaja y encuadró a una figura apoyada inmóvil delante de la entrada de la casa. Necesité algunos segundos antes de conseguir enfocar el cuerpo de una mujer perfectamente dividido por la mitad: distinguí claramente su media cara, que parecía sonreírme, antes que gritase de miedo. Empecé a correr. En la confusión del pánico tropecé con las zarzas arañándome las piernas, pegué el pecho contra la cornisa del portal de mi casa y me paré sólo cuando reconocí el retrato del matrimonio de mis abuelos, colgado en la pared del pasillo. A la mañana siguiente no tuve la valentía de contar lo que vi, porque yo mismo no quería creerlo. Pasé los años intentando delimitar su recuerdo entre las sugestiones de un niño asustado, aguándolo y confundiéndolo entre miles de sueños, fruto de cenas demasiado pesadas.
Sólo ahora, ahora que el aire me ha quitado la mitad de mi alma, la mitad de mi vida y la mitad de mi cuerpo, sé que lo que vi era verdadero y no una pesadilla en duermevela. Sólo ahora que han cubierto con sal mis esperanzas, impidiendo que pueda volver a crecer cualquier tumulto vivo en mi corazón, sé que se puede acabar existiendo a mitad eternamente. Aunque creo que es demasiado tarde para aprender del pasado.
viernes 29 de mayo de 2009
ERROR DE SISTEMA
A veces, mientras trabajo, hablo con el ordenador. Casi siempre insultos. Pero muchas veces tenemos también momentos de intimidad. Él es el que más tiempo me conoce , y es con él con el que paso la mayor parte de mis jornadas. Es el que ve sólo mi parte mejor, mi fantasía, y soporta, como una vieja esposa cansada, mis cambios de humor. El ratón está convencido de que yo soy su primo. Dice que, a parte del hecho que tengo un diseño diferente, nos parecemos, y piensa que también yo estoy conectado con un cable USB al ordenador. Antes me reía de su ingenuidad, ahora, cuando lo repite, me vienen las dudas…. El teclado, en cambio, es una vieja puta que se deja tocar sin sentir ninguna emoción; por otra parte, no hago nada para parecer sensual con él. Entre yo y mi Mac, no niego que al principio haya existido cierta atracción. Un amor de juventud, esperanzado, rico de sorpresas y atenciones. Después, las cosas han cambiado. Hace algún año, lo encendía y reía, con esa carita un poco tonta de Mac OX. Ahora ni siquiera eso: “Estoy listo”, parece que quiera decir,”¿Qué coño quieres?”. Pero su carácter es así. Por la noche, pensando que no me doy cuenta, selecciona exclusivamente para mí mis canciones favoritas, y me acuna así, con la promesa de una nueva y novedosa actualización o de un nuevo antivirus que eliminará los errores de sistema de mi vida. Y a mí me gusta hacerle pensar que le creo.
jueves 28 de mayo de 2009
A DOS KILÓMETROS DE MI SOFÁ
Si hace falta regresar.
O si, por obligación, hace falta llegar.
miércoles 27 de mayo de 2009
AMARSE CON EL PIB A 2,5
No amor mío, no les creas. Nosotros no somos PIB y paro, papel moneda y aleaciones de metal sin valor, no somos entrevistas de trabajo y curriculums,no tenemos nada que ver con las banderas ni con esta habitación que parece no poder contener nuestros pensamientos, los cuales nos superan sin doblarse. No les hagas caso cuando nos ponen en los índices de las estadísticas, para justificar sueldos sin sentido en los campos de grano. No somos títulos de bolsa, garantías de solvencia, maniobras financieras. No nos representa ninguna toma de posesión, no tenemos embajadas, ni confines, ni religiones que defender. Mienten cuando te explican el mundo justificando sus locuras. Estamos destinados a algo infinitamente más grande que un contrato indefinido, y nuestros proyectos no pueden limitarse a relaciones espalmadas en gráficos matemáticos.
Amor… ¿podrías prestarme cien euros?...
martes 26 de mayo de 2009
BOCHORNO
Que bochorno que hace…¿Lo sientes?¿Lo sientes Mario?¿Mario, me oyes? No se porque te hablo…no se porque os hablo…estáis muertos….
domingo 24 de mayo de 2009
EN LA PARADA DEL AUTOBÚS
- ¿Qué no pasa el qué?
- El autobús… El 318. No lo está esperando también usted?
- A sí… el autobús…Sí lo espero… pero también no…
- También no… en que sentido?...
- ¿En el sentido de qué?
- Quiero decir… ¿qué significa que no sabe si espera o no el autobús?
- Cual autobús?
- … El 318… ¿Ve este cartel? Aquí pasa el 318…
- Que bien… ¿Y desde cuando?
- No lo sé desde cuando… Pero usted está en una parada de autobús, y normalmente en una parada de autobús se espera un autobús…
- Interesante. ¿Entonces usted me esta diciendo que yo estoy esperando algo?
- No. Digo que creía que usted también estaba esperando el 318…
- Claro que sí que lo espero. ¿Qué cree usted que estoy haciendo aquí?
- Venga..ya empezamos otra vez.. Si está esperando el autobús, y esta aquí antes que yo,¿ puede decirme cuanto hace que no pasa?
- Deje que lo piense… Mira… Me acuerdo una vez que mi nieta me contó que había visto un autobús cerca de aquí, pero no me acuerdo si era el 318 o el 319 que pasa por plaza Bergozzi, aquí al lado. En la plaza Bergozzi hay una pastelería que aún sigue haciendo los pasteles caseros, ¿sabe? El dueño se llama Carmelo, es calabrés, y tiene una hija que sale con un chaval que es un poco raro. Dicen que la trata mal, aunque la gente dice muchas tonterías y…
- Perdóname, pero yo sólo quería saber si hace mucho tiempo que… Vale, no pasa nada, es igual…
- ¿Igual a qué?
- Es igual también si no lo sabe, o no quiere decírmelo…
- Pues claro que quiero decirlo: Enrico.
- ¿Enrico… qué?
- El nombre del novio de la hija del dueño de la pastelería. El tío raro, ¿no se acuerda?
- Pero yo no quiero saber como se llama el novio de la hija del dueño de la pastelería! Quiero solo saber cuanto tiempo hace que no pasa el autobús!
- Vale, pero tienes que elegir hijo mío. Es fea la indecisión¿ sabes? ¿Qué quieres saber exactamente el nombre del novio de la hija del pastelero o desde cuando no pasa el autobús?
- Pero si son dos horas que estoy intentando preguntarle eso! ¿Desde cuando no pasa este autobús de mierda?!
- Ah no! Por aquí sólo pasan los autobuses de hierro, los de mierda no sé por donde pasan… Puede ser por aquí al lado, en la Plaza Bergozzi. En la plaza Bergozzi hay una pastelería que aún sigue haciendo los pasteles caseros, ¿sabe? El dueño se llama…
- Carmelo, ya lo sé…
- Que bien, ¿ya lo conoces? Claro aun sigue haciendo los pasteles caseros, tiene que ser famoso…
- Vale. Ya he entendido. Hace un buen día, me voy andando a casa…
- ¿Y no espera al 318? Hace 20 minutos que no pasa, creo que va a llegar dentro de poco …
- No, no se preocupe, tomo un poco de aire… Hasta luego.
- Es que no hay quien entienda a estos jóvenes de hoy!… Hasta luego.
VENGO DE UN CULO
Sólo en ese momento nos sentimos libres.
NOCTURNO
sábado 23 de mayo de 2009
LA ELEGANCIA DE LAS AÑORANZAS
Me las enfilo despacio, intentando no rasgar los dobladillos hechos con la máquina de coser, esperando que aún sean de mi talla, a pesar que yo he crecido y ellas no. Entonces me miro en el espejo, haciendo posturitas, girando para ver si me hacen más viejo o me hacen parecer más gordo en función de donde cae la penumbra.
Me arreglo la mirada, me peino los recuerdos.
Vamos.
viernes 22 de mayo de 2009
EL AÑO DEL BÚFALO (CAPÍTULO IV)
Que, pensándolo bien, a mí esta gente como Massimo que están ahí sentados hablando , explicándote el mundo, con una barita en la mano para indicarte todas las cosas que no van bien y porqué, me aburren.(Metáfora perforante) Si yo estoy delante de la pared del comedor de mi casa, y veo que una grieta no sólo ha levantado el estuco, sino que ha dañado el muro de forma importante y corro el riesgo de que se me caiga el techo encima, no me siento delante de la pared a comentar cuanto es profunda la grieta y las consecuencias que esto puede traer. La lógica te llevaría a coger la espátula, un poco de cemento e intentar arreglar el daño. En cambio, la sensación que tengo es que todos valen para decirte que hay una grieta en el muro, todos son capaces de estudiar y determinar su naturaleza , pero ninguno es capaz de sugerir la solución para repararla. Todos ahí, discutiendo sobre la grieta, mientras la grieta se agranda , rompe los cuadros, llega al muro maestro, y alrededor hay un grupo de personas que la señalan con el dedo, siguen su recorrido preocupados, pero nada, no hay nada que hacer: ninguno coge la maldita espátula para intentar arreglar la pared. Algunos lo intentan con el Aguaplas y otros lo intentan escupiendo en la grieta e intentando demostrar que la física es un invento de la gente puntillosa. Y se asombran: Pero,como es posible! Hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano,¿cómo diantre puede ser que la grieta no se rinda a nuestra insistencia?
Massimo , pensándolo bien, me daba la misma sensación.Palabras, palabras, palabras, metáforas, palabras… Y además,¿Qué hace él con todos estos bonitos discursos?¿Dónde estaba su cemento y su espátula?.
“Ya…utopías…”, decía mientras seguía tirándome el humo de un cigarrillo alegre en la cara. “Pero es normal. Como te decía, desde la noche de los tiempos se trabaja para que tú no creas en la palabra “utopía”.Y como todos saben, una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.¿La Tierra gira alrededor del Sol? Utopía!¿El hombre puede volar? Utopía!¿El comunismo? Utopía!¿No necesitar el petróleo? Utopía! Como si la “utopía” fuese un animal, un objeto, como si fuese una enfermedad….Cuantas veces te han dicho,”Tú eres un utópico”, con el mismo tono que habrían usado para decirte:”Tu eres un cleptómano, un hipocondríaco, un diabético, coño, ¿cúrate de una vez,no?. Antes no te he dicho una cosa. Hay una verdad que nuestra civilización no ha podido callar, hay una cosa que , como animales pertenecientes a la especie homo sapiens,llevamos siempre,independientemente de nuestro grado de progreso, y no es el egoísmo, como te he explicado. Es la necesidad de un líder, de una voz que nos guíe y que nos de la sensación de que sepa exactamente lo que está sucediendo y nos lleve siempre por el buen camino. Desde pequeños necesitamos la guía de nuestros padres, después de los maestros, de los profesores, de los Obama, los menos afortunados de Berlusconi, de los curas, del Papa. Y desde pequeños el líder nos convence que la utopía se puede curar,a lo mejor lavándose los dientes dos veces al día o comiendo mucha fruta y verdura. Nos advierten que la utopía es peligrosa, que podemos enfrentarnos contra sus ilusiones y arrepentirnos.Y así, miles de generaciones asustadas , adiestradas, han intentado convencerse y convencer que era mejor olvidar las utopías: en el fondo, para vivir bien, es suficiente con tener un coche nuevo, una casita, una mujer que a lo mejor no amas pero que da mucho ambiente familiar, el televisor a color, un par de zapatos nuevos y un voto libre para elegir a bufones vestidos de blanco, de rojo y ,a veces, de negro. Que haces ahí pensando a cosas que no puedes entender.Tú, que ni siquiera tienes una carrera universitaria.Porqué perder el sueño sólo para correr el riesgo de contagiarte con la utopía.Y si a lo mejor ella te sugiere que yo no sirvo para nada, que yo soy la causa de tu malestar y no el diablo, no los comunistas, sino yo y mi inclinación a servir a los intereses de aquellos que tienen un campo para cultivar, con mi ineptitud para los trabajos manuales…Pero después abres un libro y te das cuenta que han sido los utópicos los que han hecho que no vayamos todos con una cadena al cuello, con una playstation en lugar del hígado y con un i-pod en lugar de la pilila. La utopía es la capacidad de ver el futuro, de lanzar la piedra mirando al cielo sabedores que nunca podremos golpearlo, pero podemos acercarnos un poco. Creer en las utopías es lo que nos hace ser personas y lo que nos distingue de las demás especies. La gente no va a votar, no porque ya no crea en la política en cuanto tal, sino porque ningún político es capaz de pintar un modelo de vida mejor que este.”
Claro, lo sabía.Massimo es otro que viene a reparar la grieta con las palabras. Ahora termino de pasar este porro y le hago la pregunta que lo deja flipado…¿Qué se cree, que es el único capaz de usar la metáfora perforante? Como en la escena de “Indiana Johns y el Templo Maldito”,cuando Indiana , luchando contra el árabe experto en artes marciales, ha esperado que terminase de moverse y le ha disparado. Venga , campeón, después de todas estas consideraciones, danos la receta mágica…
“Leo a través de tu mirada vidriosa, vislumbrando entre el iris dilatado y la pupila roja, que te estás preguntando donde quiero llegar…¿No es así? Venga, dame una satisfacción alguna vez, dime que sí…”
Mierda, este siempre me gana…
jueves 21 de mayo de 2009
EL AÑO DEL BÚFALO (CAPÍTULO III)
Que pensándolo bien, Massimo ni siquiera me estaba escuchando. Y me daba un poco de rabia. Massimo, a veces, especialmente cuando bebe, se convierte en uno de esos que cuando hablan ellos solicitan toda la atención, y cuando hablas tú, en lugar de escucharte, están pensando a lo que dirán un segundo después de ti. Y además Massimo tenía sus problemas: la empresa que iba mal, el alquiler, la novia aburrida y una serie de fracasos acumulados con los años. Nada le importaban los helados, la libertad o la democracia. Todas estas cosas son lujos, veleidades, jueguecitos puestos ahí para quien no tiene nada serio en que pensar. Cuando llega una factura de la luz, ésta es papel y tinta, y cifras y deberes y consecuencias. Es un problema que no lo puedes poner en una metáfora, no tienes el tiempo de dos mil años de historia de la filosofía para pensar sobre él, para intentar explicártelo de forma poética, intentando darle un espesor que no tiene. Pensándolo bien, Massimo más o menos lo pensaba así, y, para avalar su teoría, afirmaba que si todo el tiempo que se había malgastado a lo largo de la historia para responder a la pregunta de si dios existe o no, si toda la energía intelectual que se ha necesitado para intentar eliminar esta duda inútil, la hubiésemos usado para elaborar una sociedad más evolucionada, ahora no tendríamos que combatir contra las hipotecas subprime…
Entonces yo,que por naturaleza tiendo a ver las cosas de la forma más cruda posible, le decía que las subprime no tienen nada que ver con nuestra capacidad intelectual, que el hombre es así, egoísta por naturaleza, un rapaz de sus semejantes desde el principio de los tiempos, y que nunca podrá combatir contra las subprime porque las subprime son su misma esencia, el mejor producto posible para quien nace con la propensión a la defensa del territorio.
Massimo se asombraba, y yo temblaba. Cuando le ponían en evidencia, recurría a su tremenda arma de destrucción masiva: la metáfora rotante. Se trataba de largos y barrocos relatos, a mitad camino entre el cuento y la parábola, que provocaban una rendición incondicional por cansancio. Me llevé las manos a la cabeza y esperé el castigo, en el fondo me lo había merecido. Sin embargo, Massimo cambió de táctica. “ Esto del natural egoísmo del ser humano es una mentira estratosférica. Cuando el hombre era más parecido a los animales, te recuerdo que era capaz de organizarse, con la caza, en un sistema más o menos socialista, donde todos ayudaban de igual manera, según sus aptitudes, a la supervivencia del clan. Estaban unidos y todos tenían derecho a la misma cantidad de comida, no existía el concepto de “pobre” o “rico”. Probablemente, también en esos tiempos, había curas, en el fondo los Wanna Marchi han estado siempre presentes en la historia. “Estáis hechos a Su imagen y semejanza!”, gritaban, pero los homínidos en ese momento se miraban reflejados en un estanque, e imaginándoselo igual a ellos se asustaban… Pero los curas insistían, “Arrepentíos! El hombre ha nacido con el pecado!”, y los neandertales se miraban entre ellos asombrados preguntándose: “¿Pero quien será este hombre?. Poco después, los curas se rindieron, y jurando regresar en mejores tiempos, comenzaron a vender las raíces de los árboles, repartiéndolas como si fueran medicinas milagrosas. Al hombre, mientras tanto, se le ocurrió que sería mejor dejar de seguir a las manadas de bisontes para cazarlos, y dedicarse a cultivar las plantas, estando sentados, sin arriesgar la vida, regando cada cierto tiempo. Una vida mucho mejor en comparación con la anterior, pero a partir de ahí han empezado los problemas… El ser humano, con esa elección, ha dejado de necesitar la ayuda de los demás para garantizarse la supervivencia, que desde ese momento estaría siempre ligada a la extensión del campo que cada uno tenía para cultivar. A lo mejor, en aquel periodo inició a crearse, primero en las ideas y después en los hechos, el concepto de propiedad, única y verdadera causa de nuestra maldad hedonística de la cual todos somos impotentes portadores sanos. Lo que es cierto, es que éste fue el inicio embrionario que después se transformó en lo que hoy podemos ver. Los poderosos, los terratenientes, los reyes, los emperadores, los capitalistas, las multinacionales, han evolucionado con el tiempo, pero sólo en la forma. Nunca han hecho nada para modificar el sistema, que les permitía alimentar su bienestar en detrimento de cualquier otra cosa, fomentándolo cada vez más hasta crear una compleja red de leyes y reglas, con el único fin de preservar la posibilidad de permanecer siempre en el mismo rol.¿ Tú no piensas, alguna vez , porqué esta estructura social, usurpando nuestra natural propensión a la caza de grupo, la tenemos desde hace dos mil años? No te parece como si aún estuviésemos construyendo pirámides y viviendo en cuevas?”.
El vino era buenísimo, no secaba la garganta, y descendía como una gaseosa, cada trago llamaba a otro. Cada vaso acompañado de un cigarro que generaba una niebla intima , acogedora, mientras las notas de Amy Winehouse la disipaba, como los rayos del sol detrás de las nubes. Massimo estuvo en silencio un poco, pero no para esperar mi respuesta. Él estaba ya pensando a la continuación de la historia o a un ataque de metáforas rotantes.
¿Y si cambio de argumento? ¿Y si lo saboteo con una frase cualquiera, del tipo “Has oído lo que ha dicho Andrea”? En el fondo nunca le he pedido que me explique nada, que para mí son suficientes las respuestas que me he dado yo mismo, lo demás son palabrería, sofismas, utopías. Vale, ahora le pregunto como le va con la tipa con la que vive. Esto seguramente le desviará la atención.
“En fin,¿Nunca te lo has preguntado, verdad? Lo consideras una estúpida palabrería, sofismas, utopías, ¿no es así?”.
Demasiado tarde.
miércoles 20 de mayo de 2009
EL AÑO DEL BÚFALO (CAPÍTULO II)
El heladero en ese momento se da cuenta que el cucurucho que tiene en la mano se está derritiendo y que la cola detrás del mostrador está llegando fuera de la heladería. Una chica lo llama desde una puerta detrás del mostrador y él, por un momento, se queda quieto. No, no está pensando, está sólo quieto. Un cortocircuito le ha abierto el salvavidas que le impide quemarse. Ha sido sólo un momento, después vuelve a ser el mismo de antes.
“¿Nata?”, me pregunta sin mirarme a los ojos.
“No, gracias, la nata me provoca acidez”, le contesto con la cabeza baja
EL AÑO DEL BÚFALO (CAPÍTULO I)
Que pensándolo bien, ¿tiene sentido juzgar los discursos sólo desde el lugar donde son pronunciados? Nada que ver con parlamentos, con grandes estadios o plazas llenas de gente: estoy seguro que han existido bares que han albergado las elucubraciones más importantes sobre la humanidad, sobre la política, sobre la religión o las más complicadas teorías filosóficas. Han existido y existirán restaurantes que han dado cenas, las cuales han parido brillantes tesis sociológicas e importantes estudios antropológicos, destinados, por su misma naturaleza, a tener una larga vida y una fama parecida a algunas tesis universitarias sobre los estilos artísticos de los vasos a lo largo del siglo XIII. Las botellas de vino, en algunas ocasiones, se convierten en plumas estilográficas, y despliegan las mentes de las personas hasta hacerles creer que son infinitas, proyectadas, como misiles teleguiados en sitios oscuros, al resto de la humanidad, lugares inaccesibles a las ideas humildes de las hormigas que abarrotan las calles. Pienso que habría sido de Las Flores del Mal sin las sugerencias de la absenta, o como habrían sonado las guitarras de los Beatles sin aquella especie de inspiración inducida que los artistas de una determinada época solían liar dentro de papeles muy finos. Estoy seguro: el semen del desarrollo de la civilización humana está plantado en un plato de bucatini a la carbonara*, y es regado con el néctar de los dioses con el fin de hacer germinar la flor del pensamiento más puro, capaz, con su perfume, de calentar los corazones secos y dar vida a algunas almas embalsamadas por las promesas electorales.
También nosotros, naturalmente, éramos victimas de la maldición de la Falanghina**, y nuestras noches delante de una mesa llena terminaban siempre desmontando el mundo pieza por pieza, para intentar volver a montarlo de otro modo y admirar desde lejos el nuevo paisaje apenas creado.”¿Os he contado alguna vez la leyenda del Año del Búfalo?”, dijo Massimo mientras se servía la tercera copa, y no esperó ni siquiera una contestación, pues su lengua parecía querer moverse por cuenta suya. “Había una vez una tribu india, una de esas olvidadas y desparecidas, formada por un único campamento. Eran los Sakswuach. Loa Sakswuach eran, sobre todo, cazadores de búfalos. De la caza de este rumiante ellos aprovechaban todo, desde la carne hasta la piel para hacer vestidos, los cuernos para hacer joyas y la cola para hacer cuerdas. Su religión se basaba en la adoración del Dios Tierra, el cual, por una no bien comprendida estima hacia el hombre, había ordenado al Señor de los Búfalos que toda su estirpe tenía que subyugarse a los deseos de los Sakswuach, ignorando el hecho de que ellos eran más grandes, más numerosos y más fuertes físicamente. El Dios Tierra impuso como única cláusula a los seres humanos el no abusar de este privilegio porque, si algún día se enteraba que los indios cazaban y maltrataban a los sagrados animales más de los que imponía sus necesidades básicas, él mismo quitaría la prohibición a los búfalos de imponerse, y esto produciría una revuelta que eliminaría para siempre a los Sakswuach. Un día se convirtió en jefe de los Sakswuach un rey malvado y obtuso, el cual hizo construir la tienda de piel de búfalo más grande de toda la historia para la boda de su hija. Los búfalos, gracias a ese desgraciado deseo, fueron cazados por miles y fueron matados a golpe de hacha sólo para satisfacer los sueños de gloria del nuevo rey. El Señor de los Búfalos se revolvió hacia el Dios Tierra y le suplicó que permitiese a sus súbditos rebelarse, ya que eran víctimas de una masacre inaceptable. El Dios consintió aplacar la matanza y quitó a los búfalos la prohibición de ser sumisos. Desde ese momento todos los animales se apoderaron de su fuerza natural y en cuatro días acabaron con todos los indios, volviendo a recuperar la libertad y las praderas de las que siempre habían sido los legítimos dueños.”
“Que chula!”, fue la primera cosa que dije, “¿dónde has leído esta historia?”, pregunté mientras me llenaba el vaso con vino tinto.”En realidad me la he inventado, pero si cada uno de nosotros la repite entre sus conocidos durante bastante tiempo y citando fuentes incontrolables, estoy seguro que tiene todas las cartas para convertirse en un cuento famoso, como el de Azzurrina… A lo mejor conseguimos escribir un libro…”.
Él seguía hablando, pero yo escuchaba otra cosa. El semen ya había sido plantado, lo sentía germinar en mi cabeza, y su susurro de una nueva vida era un pensamiento largo como la historia del mundo. El vino empezaba a indicarme el camino, cogiéndome de la mano como el padre hace con su hijo para cruzar la calle: me habría bastado con poner una idea detrás de otra y cruzar a la acera de enfrente donde, estaba seguro, me esperaba el helado más bueno del mundo.
lunes 18 de mayo de 2009
YO Y PYPPY(*)
En este pueblo de mierda nunca pasa nada. Siempre las mismas cuatro personas, en el mismo, único bar. Los días pasaban entre una caña y una partida de cartas, entre una broma sobre la mujer del alcalde y una palabrota en dialecto. Demasiado aburrimiento. Y aburrirse demasiado mata. Yo no quería morir, por lo menos no tan joven y sin antes no haberme trajinado a la hija del farmacéutico. Por eso un día, siempre por este maldito aburrimiento, me compré un perro: Pyppy. Lo había llamado así para exorcizar mi antiguo pasatiempo preferido, cuando aún no tenía un animal…
Pyppy era inteligente, si por inteligencia consideramos la capacidad de entender bastante pronto que no se puede cagar en el sofá. Con el tiempo dejé de frecuentar el bar y empecé a pasar mis días con aquel simpático cuadrúpedo. Le había enseñado a ponerse en pie con dos patas, a abrir la boca cuando decía “aiz!“, a jugar a fútbol sala (él era el portero). Por un montón de tiempo la cosa funcionó. Me divertía, y el aburrimiento parecía un periodo lejano de mi vida.
Pero un día, Pyppy llegó todo feliz abriendo la boca y meneando la cola sentado sobre una patita (era el juego que más le gustaba), pero la cosa no me divirtió. Entonces, el pobre animal, saltó sobre la mesa haciendo una cabriola y aterrizando con la oreja. Pero también esto lo había visto muchas veces. Que aburrido es este animal… Pensé. Pero mientras lo decía, tenía ya en mente como convertir de nuevo a Pyppy en una distracción aceptable. Decidí cortarle una pata. Ahora tenía que hacer todo lo que hacía antes, pero con un miembro menos. Era divertidísimo verlo caer y volverlo a intentar con obstinación. Pero poco después, este portento de la naturaleza, aprendió a hacer todos los ejercicios con sólo tres patas. Para no volver a aburrirme otra vez, le corté otra pata, esta vez posterior. Pero después del mismo periodo torpe e interesante, Pyppy aprendió otra vez a jugar conmigo y a hacer todo lo que le mandaba hacer. Me vi obligado a amputarle todos sus miembros, la cola y las orejas. Llegué a coserle los ojos con un hilo de carnicero, pero, por increíble que parezca, ese animal obstinado, siempre encontraba la manera de divertirme un poco. Hasta que un día, cuando sólo le quedaba la cabeza y un trozo del cuerpo, no pudo volver a suscitarme ninguna emoción. Y tuve que acabar con él (sintiendo una ligera sensación de diversión que, desgraciadamente, duró muy poco).
Volví a mi aburrido bar de mierda, a pasar los días abrazado a las cañas. Que aburrimiento… Era peor que antes. Y estuve así por bastante tiempo, hasta que mi hermana encontró trabajo en otro pueblo y me pidió que cuidase, durante el día, de su hijo, es decir, de mi sobrino. Yo acepté contentísimo. Fue maravilloso enseñarle a jugar con la plastilina de colores. Era muy inteligente, y enseguida entendía todo lo que le decía. Sí, era muy hábil. Demasiado hábil, demasiado rápido…Que aburrimiento…..
(*) En italiano “pajarse” se dice “hacerse una pippa”. Espero se entienda el elegante juego de palabras…
sábado 16 de mayo de 2009
ENTRE LAS ESTRELLAS
Es fácil de entender. Desde que has desaparecido vago con un agujero en el estómago. Es como viajar y descubrir,cuando has llegado, que te has olvidado el cepillo de dientes. Es como cuando se buscan las llaves del coche, que estaba seguro de haber puesto allí, dentro de aquel cajón, lo recuerdo muy bien, y sin embargo, allí no están. A mí me ha pasado un poco así, por eso he empezado a buscarte en los sitios donde estaba seguro que nunca te encontraría, mirando de reojo entre la multitud a la salida del metro, entre las fotos que te llevaste, detrás del sofá por si te hubieses resbalado por ahí.
Después, un día en el que me había prometido cambiarme de calcetines, mientras intentaba quitar una mancha de yogurt seca en el sillón, he ojeado el horóscopo de un periódico, y finalmente he entendido donde te habías metido. “La Luna aconseja hacer un viaje distendido”, ponía al lado del dibujo de tu signo. No he podido evitar imaginarte en alguna parte, en una playa con algo de beber en la mano, sonriente, con tus pecas distribuidas en los sitios donde las recordaba. De esta forma empecé a seguirte todos los días a través de los astros: un día tenías suerte en los negocios, otro día estabas mal, otro salías por la noche buscando los encuentros provechosos que te anunciaba Mercurio, o bien, a veces, no disfrutabas de la gracia de Júpiter y tenías que estar un poco triste. Pero, al día siguiente, volvías a tener problemas para hacer comprender plenamente tus justas intenciones o para estar bajo la influencia de Venus.
Ha sido hermoso recordarte ahí arriba, donde la eternidad es un extra incluido en el precio, donde es más fácil amarte y las fotos están aún en su sitio, ordenadas por fecha en el álbum de la tapa violeta.
En cambio, las llaves del coche, esas, no las he vuelto a encontrar.
viernes 15 de mayo de 2009
ME VOY A VIVIR SOLO
Ayer por la noche estaba contando a mis calcetines tendidos que, a veces, me siento un poco solo. Sí, es verdad que la independencia está muy bien, volver a casa y tirarse pedos sin que nadie se ofenda, después tirar una zapatilla a la derecha y otra a la izquierda, encender la radio, tirarse al sofá y prepararse un cigarrillo alegre para contar que, por lo menos, hay alguien contento dentro del apartamento… Pero después coges del armario la bolsa de sopa liofilizada de un euro y veinte, la tiras dentro de la cazuela menos sucia que reposa en la pila , versas agua dentro y esperas que la sopa se haga. En ese lapso de tiempo, donde estás como hiptonizado observando a las judías luchar contra los guisantes para no ahogarse, empiezas a darte cuenta que te falta algo.
Espero una voz, pero el único ruido que se oye es el del agua hirviendo. Entonces te giras hacia la ventana, que da a una finca llena de ventanas iluminadas, y te diviertes imaginando cuantas otras soledades viven dentro de esas celdas amarillas, cuantos como tú están preparando su sopa de un euro y veinte, esperando un abrazo, que tampoco llegará esa noche. Todos juntitos, apiñados en tableros de ajedrez revestidos de hormigón, divididos por medio metro de poliestirol vendido como si fuera cemento: todos solos.
Y lo malo es que te acostumbras.Te acostumbras a no hablar por la noche, te acostumbras a tus propias costumbres, hechas de embrutecimientos, de tosquedades, de perfiles de fotos simpáticas y amigables, de teletienda, de tebeos en castellano.
La sopa está lista. Me siento en la mesa diciéndome buen provecho. Después de dos minutos ya he terminado.Que bien: soy libre y tengo toda la noche sólo para mi….
En el fondo se está bien solo, por lo menos mientras nunca te falte un calcetín dispuesto a escucharte.
jueves 14 de mayo de 2009
EN EL TIOVIVO
No cuesta nada dar una vuelta en este tiovivo. Se sube agarrándose a las astas de hierro, esperando que sean lo bastante resistentes para aguantarnos, y se inicia a empujar con energía para hacer girar la tarima. El viento amable despeina los pensamientos inútiles que ensombrecen los calurosos días de junio, y con los ojos cerrados parece que vuelas. Otro impulso y otro giro, un impulso más fuerte y el giro es más rápido. Bajan asustados los miedos, que a esa velocidad no son capaces de alcanzarnos, corre lejano el recuerdo del mundo y de nuestra edad, hasta que volvemos a ser niños y se puede reír nuevamente de ese extraño vértigo que contrae el estómago y nos hace sentir más ligeros. Una carcajada desgarra el rumor de las ramas de los árboles movidas por la brisa y se abre paso la idea, entre las tristezas primaverales, que todo , antes o después, se parece a este juego, donde el que empuja más es el que se divierte, mientras todos los demás lo miran. Parece un juego de niños, aquí en el tiovivo, hacer que todo gire como nos gustaría que girase, y se me quitan las ganas de decirte que un día no nos subiremos más, que nadie volverá a tener la fuerza para empujar y que nos olvidaremos de las carcajadas regaladas a las ramas de los árboles movidas por la brisa, porque nosotros mismos seremos esa brisa.
miércoles 13 de mayo de 2009
COMO MUCHO SE MUERE
Habría sido una lástima que te hubieses perdido este mar. Has estado demasiado tiempo debajo de la sombrilla , en la toalla con el crucigrama, pensando cuanto tiempo tenía que pasar para no sufrir un corte de digestión,a si el mar sería muy frío o profundo, al mejor modo de sumergirse sin padecer una contractura, a cuantos niños con pistolas de agua podrían haberte fastidiado la diversión. Has estado demasiado tiempo embadurnándote de crema protectora, escapando del sol para después desear su calor. “Yo no sé nadar”, me repetías escondiéndote detrás de un dedo, convencida que aquel dedo te habría resguardado.
Por eso para ti me he hecho ola, y te he raptado llevándote hasta donde pensabas no tocar suelo , sólo por no querer estirar un poco más las piernas, solo por el miedo a los tiburones, a las medusas y quien sabe a que otro monstruo marino.
Después has vuelto a casa, a tierra firme, la misma tierra que ha nutrido las raíces de la maceta donde te has plantado, donde es más fácil olvidar que sabes nadar, olvidar la existencia del mar, donde has vuelto a hacer crucigramas y a responder las definiciones de las cosas sin darte cuenta si son las correctas.Pues ya se sabe que en la página cuarenta y seis están las soluciones.
martes 12 de mayo de 2009
LO QUE OS QUIERO DECIR
Desde el sofá el mundo se ve de forma distinta. Las cosas disminuyen la marcha poco a poco, después se paran, al final desaparecen. Te quedas tú y tus pensamientos, también quietos, mientras miras una cortina que parece que quiere decirte algo. En ese momento creo mis mejores post, los que nadie leerá, los que se pierden entre los pliegues de un “¿cuándo hay que pagar la factura del gas? o “¿qué tengo que hacer mañana?". Después mis reflexiones cogen la tangencial este, giran por una calle que no conozco y que no está indicada en el callejero. Me pierdo, más bien me olvido hacia donde estaba caminando y no me viene a la cabeza la razón por la cual estaba viajando. Como ahora, que no sé que os quería decir…
Que cuando lo pienso, no recuerdo el día exacto en el que me perdí, es como si todo hubiese sido idéntico a un día idéntico, en momentos acantonados detrás de cascadas de citas olvidadas, de proyectos empezados y nunca terminados, o mal acabados, de desilusiones, de errores clamorosos, de vengaquellegotarde, o de nosvemoseljuevesperomasbiennoquetengocosasquehacermejoryatellamaré, de números de teléfono perdidos en la agenda en medio de tantos otros que no recuerdo de quien son. Me he perdido de vista, me estaba siguiendo cuando he desaparecido detrás de aquel seto, y no me he vuelto a encontrar. Es difícil seguirse. Es que me he inclinado para buscar una emoción, que a lo mejor había olvidado dentro de un cajón, pero han llamado a la puerta, y ahora no me acuerdo que os quería decir….
"Que hermosa es la juventud que escapa", o a lo mejor no, permanece ahí momificada, sin cabello y sin su proverbial alegría de ser tal, cansada y sin aliento, a medio camino entre querer convertirse en otra cosa y la incapacidad de ser ella misma. Los días se agolpan y tú piensas que aún tendrás tiempo, pero hace algún año que lo has acabado y te comportas como si nada. Que a fuerza de dormir poco y mal las cosas se diluyen, y ya no te acuerdas en que punto del camino has empezado a tener dolores de espalda, como ahora, y será por eso que ya no me acuerdo que os quería decir….
viernes 8 de mayo de 2009
MI HERMANO TIENE UN HERMANO
Por culpa de aquel extraño viento que se lleva consigo las cosas de la vida, como si fuesen hojas en otoño, ahora es mi hermano el que, la mayoría de las veces, me alegra los cigarrillos. Él fue un atleta; un jugador de fútbol, para ser más precisos, casi profesional. Uno de esos fenómenos de barrio, a quien a veces el destino intenta soplarle aire en las velas por un cierto tiempo. Después el aire termina, las velas se deshinchan… las rodillas se rompen… Sucede. Y él, que ya se veía con la camiseta de la selección nacional, creo que haya tenido que inventarse otro rol que interpretar, y como se sabe, el personaje perfecto es difícil de encontrar, sobre todo si estás dirigido por un director decadente. Ahora conduce autobuses.
En una de esas noches fuera del binario encontré a mi hermano mientras entraba en le depósito con el autobús; me llevó como a cualquier pasajero del servicio de autobuses municipal de Roma, y entramos juntos acompañados de otros autobuses, que fijándote bien parecían abejas de hierro que volvían a un panal de cemento. Y del panal entraban autobuses y salían hombres, todos vestidos de azul, todos con un gorro de lana azul, en silencio.Yo he esperado en su coche que saliera mi hermano.Y me ha asombrado descubrir que en su coche escuchase Beethoven, alguien que en toda mi vida no lo he visto leer ningún libro excepto la biografía de Totti. A lo mejor lo he perdido de vista, o a lo mejor nunca ha estado en mi punto de vista. Vivimos lejos yo y él, lejos en todos los sentidos.
Pero aquel extraño viento, que se lleva consigo las cosas de la vida, ayer cogió nuestros corazones, y por un momento ha hecho fresco.
jueves 7 de mayo de 2009
CONVIVENCIAS
Mi brazo derecho es un tipo tranquilo. Pasa las noches tumbado en el sofá en compañía de una película en blanco y negro. Es silencioso, y nunca lo encontrarás en una fiesta. Ha tenido pocas mujeres, y a todas las ha amado desesperadamente. Es un soñador, un romántico, un amante de las buenas lecturas y la buena música. Fuma poco y bebe sólo si está acompañado.
Todas las veces que salgo , el brazo izquierdo me mete en el cuerpo litros de alcohol, y el derecho se lamenta, dice que acabaremos mal y que quiere dormir.Entonces me paro, me arrepiento, y él comienza a convencerme y a consolarme.Pero el izquierdo arde de vida desesperada, y toca culos y tetas como si el mundo le perteneciera. El derecho lo insulta, pero él está demasiado borracho para entenderlo, y está demasiado seguro de si mismo para hacerle caso.Entonces, una noche, mi brazo derecho, cansado de estar mil noches peleando, en un momento de exasperación extrema, amputó al izquierdo.
Pasamos un año solos yo y el derecho.Por la noche se cenaba a las ocho, sofá mullido y película en blanco y negro, un buen libro con una buena música de fondo, y los días pasaban tranquilos. Demasiado tranquilos.Demasiado para mí.
Lo he amputado y me lo he cosido en la parte izquierda. Me ha hecho un poco de daño, pero después he vuelto a salir todas las noches sin preocuparme de los recuerdos de la mañana siguiente.Pero él ya no era el mismo: pasaba de un estado de euforia a momentos de depresión, decía que no se acordaba de donde venía, que se sentía fuera de lugar sin una meta precisa que alcanzar, y una mañana me lo encontré muerto a mi lado.Se había suicidado.
Desde entonces vivo manco, sin poder beber porque no sé como llevarme el vaso a la boca, sin poder leer un libro o meter un CD en el reproductor. A las mujeres les doy pena, y quieren ser mis amigas y no mis amantes. Paso las noches sentado en una silla, mirando a la ventana, contando mis penas a mi pierna izquierda. No sé si os he hablado alguna vez de mi pierna izquierda: es inteligentísima y astuta, sabe cosas de la vida que yo ni siquiera sospecho. Dice que ha viajado mucho, que ha poseído a muchas mujeres…
miércoles 6 de mayo de 2009
EL AUSENTE
He hecho mis estudios primarios en una escuela del barrio de la Garbatella, en Roma. La escuela se llamaba Cesare Battisti, y como una poesía suya, era triste y decadente. Las clases eran muy grandes y frías, con paredes blancas de yeso amarillento, y con posters de mapas de varios paises colgados de las paredes.Por la mañana, cuando entraba el maestro, nos poníamos en pie, y nos sentábamos sólo cuando nos lo decía él, después la oración y después se pasaba lista y todos nos esforzábamos en responder rápidamente cuando decía nuestro apellido.Sin embargo, había un chico que desde el primer día de escuela no respondió nunca al reclamo de su apellido.Se llamaba Bettucci.Bettucci no vino nunca a una clase, nadie vió nunca su cara, ni si era alto o gordo.Pero todos los días el maestro lo llamaba.Todos los días llegaba a la letra “b” y se paraba a esperar que él respondiese, y todos los días nos preguntaba si alguno sabía el motivo de su ausencia.
Sin embargo, aunque Bettucci no vino nunca a clase, para nosotros, él estaba. Su compañero de mesa,Veltri, hablaba de él como si lo conociese de siempre.El maestro lo llamaba para examinarlo y siempre lo suspendía, simplemente porque no estaba. Cuando se organizaban las excursiones se contaba con él y se le reservaba un sitio en el comedor.
Un día robaron un libro a un compañero nuestro. Cuando el director vino a pedir explicaciones del desagradable suceso, todos nos esforzamos en quitarnos las culpas,pero esto no fue suficente para aplacar la polémica. El director nos amenazó con suspendernos a todos si el culpable no salía. Fue en aquel momento cuando Repetti se levantó, y en el silencio reverencial que reinaba en el aula dijo: “Ha sido Bettucci, lo he visto yo”.El director ordenó inmediatamente la expulsión del alumno fantasma y definió lo ocurrido como algo inaceptable.
Gracias a Bettucci todos nos salvamos.Nos sentimos todos en deuda con él, en el fondo habíamos aprendido a quererle.Por eso al día siguiente la madre de Repetti le hizo un pastel , y el mismo Repetti se lo dejó en su mesa.
Aunque nunca tuvo la oportunidad de decirlo, Bettucci agradeció mucho el dulce, porque apenas cinco minutos después, desapareció.
martes 5 de mayo de 2009
BAJO LA GUARDIA
No suda. Me mira fijamente mientras agita las piernas, gira entorno a mi sin respirar y no suda. Tiene que estar acostumbrado a este calor sofocante, al polvo que a cada salto levanto taponándome las narices. Mis pulmones se han parado al tercer round, sin embargo mi cabeza ni siquiera ha reaccionado, vaga como siempre. Y me había dicho por lo menos un centenar de veces dejarlo estar y aceptar aquel trabajo de frutero, porque tiene una naturaleza campesina ella. El corazón,sin embargo, no, él es ávido y no piensa nunca en las consecuencias. Lo esquivo por la derecha, el primer montante. La rótula cede y termino arrodillado, con mi cara a la altura de su ombligo, después lo abrazo y espero el gong.
Nada más llegar al Cairo, lo que más me sorprendió fue el olor. Ni siquiera en las horas punta en mi ciudad, he olido nunca ese aire impregnado de humo de tubos de escape y sudor mezclado con excrementos de animales y arena. No te acostumbras nunca a ese olor, se tolera, se aprende a evitar salir en las horas donde es más presente, cuando se pueden distinguir sus trazos y la misma alma de la ciudad. Junto a los edificios y a los coches antiguos, ese mal olor contribuía a alimentar la impresión de haber aterrizado en un planeta lejano, a regalarte la impresión de estar finalmente libre de algo, aunque no sabes bien de qué. Cuando Mario me enseñó los carteles de la pelea, en lugar de darme cuenta como había salido en aquella foto descolorida donde alimentaba la esperanza de dar miedo a alguien, fijé mi atención en un niño que más abajo vendía algo que se parecía a habas cocidas.Pensé a cuantos puñetazos había ya recibido de la vida, y a los puñetazos que tendría que encajar yo más tarde.En el fondo hacíamos el mismo trabajo.
Me fijé en aquella chica, la de la tercera fila.No debería, lo sé. Pero es tan guapa, y su piel tan lisa…Agita las manos hacia el cielo y grita algo que no puedo entender, a lo mejor me llama, a lo mejor me está llamando. Un golpe en el hígado corta mis preguntas y mi aliento. En el sexto round puede aún golpearme con toda esa violencia,¿ pero cuánta rabia puede aún segregar sin verter una gota de sudor? Es rápido y feroz, empiezo a pensar que no lo abatiré nunca, puedo sólo sobrevivir, pero no puedo abatirlo. Cuando Sandra me dejó tuve la misma sensación: podía solo sobrellevarlo, porque su decisión era irreversible, y aquella vez sobreviví, aunque aún me duelen los huesos. Estiro el brazo para darle un golpe directo en el ojo, pero resbala en el aire como un surfista golpeando el polvo.Él se cubre la cara con la izquierda mientras dispara la derecha que se estampa contra mi mandíbula.Acabo contra las cuerdas. Mario grita algo, a lo lejos, como una madre que llama desde la ventana al hijo para que vaya a comer. También mi madre lo hacía a la una en punto. Mi madre… Si me viese ahora…Pobre mujer….
A Mario lo he conocido en el gimnasio. Decía haber sido un profesional, pero nadie se acordaba de él. Pasaba los días dividiendo su tiempo entre dar consejos a jóvenes muchachos ansiosos de aprender a masacrar a alguien con estilo y el bar de su amigo Fabio. Una vez, en el bar, me señaló y después se puso a parlotear con Fabio. El día después me convertí en su pupilo. Me contaba que me esperaba un futuro duro pero lleno de satisfacciones, y que estaba destinado a algo más que aquella frutería. Después me inundó de discursos y recuerdos, pero yo ya no lo escuchaba. Escapar de la frutería era una promesa suficiente para mí. Lo más lejos posible, en otro planeta, un planeta que olía a estiércol de animal y a hollín, donde los coches eran antiguos y se comía habas cocidas, donde sería libre, aunque no sabía de qué. En cualquier sitio, pero no aquí. Sácame de aquí Mario.
Es mi momento. Mi izquierda no perdona. Lo veo, está cansado, aunque no suda, abre los brazos para hacer una respiración más profunda, y es este el momento que debo aprovechar. Todas las ocasiones son momentos, por eso se pierden tan fácilmente,y a diferencia de los trenes, los segundos gastados no vuelven más. He ensayado con Mario durante meses, en el gimnasio, incluso después del horario de cierre, el “gancho driblado“ ,como lo llamaba él. Tenía que ser un golpe seco y velocísimo, pero garantizaba un efecto desintegrante. El negro me mira a los ojos y se da cuenta que se ha equivocado al abrirse. Retrocede medio paso, debe terminar la respiración y volver a cerrarse inmediatamente para poder evitar el golpe. La chica de la piel lisa está aún ahí gritando, un hombre detrás de ella la abraza y le besa el cuello. Ella se gira y sonríe, después vuelve a mirar el ring. Me ama, aunque aún no lo sabe…
Un día Mario me dice: “Vamos a Egipto”. Yo no dije nada. No tenía que despedirme de nadie, y un trabajo como aquel que tenía no era difícil volver a encontrarlo. Metí en la maleta dos calzoncillos y alguna camiseta, Mario,sin embargo, metió todos sus sueños, también los que no le pertenecían. Ilhar Mukassy era un egipcio del sur, nacido en una aldea en el confín con Sudan. Era negro como la noche, altísimo, acostumbrado a sobrevivir en el desierto desde pequeño. Era el campeón africano de mi categoría y mi gran ocasión para convertirme en un verdadero profesional. Videos de sus peleas habían pocos y de mala calidad, pero su currículo hablaba claro: veinte peleas de las cuales quince ganadas por k.o. Pero la estadística son sólo números, me repetía a mi mismo, la fantasía racional de las ecuaciones. Cinco de sus adversarios habían sobrevivido, y dos le habían ganado. Intentaba no pensar en la pelea, como si fuese un luto que había que olvidar. Prefería pensar en aquel viaje lejano, el que nunca había hecho, y que el billete incluía la participación en un concurso de box. La noche antes de la pelea la pasé con Mukassy observando las pirámides. Que hermosas las pirámides, no podían estar construidas por hombres. Venían de lejos esas esculturas que intentaban pinchar el cielo, como flechas cósmicas que nos recuerdan de donde venimos y a donde volveremos. Las estrellas brillan más en el desierto, y es, a lo mejor, gracias a su brillo que las ideas se aclaran y pronuncian las palabras más dulces. Me miré las manos: eran sólo carne y huesos, demasiado poco para cambiar mi destino.
Mi derecha parece que se mueve, se para, se mueve y se vuelve a parar. El egipcio levanta el brazo por el lado equivocado, y mientras levanta el codo, con el rabillo del ojo advierte mi izquierda. Le doy en una oreja. Ha sido un golpe perfecto, pero no le he hecho nada. Retrocede dos pasos, yo me acerco a las cuerdas, pero tengo sólo el tiempo justo para oír a Mario que me grita algo. Avanza cerrado, rápido como un gato detrás de un ratón, estira el brazo derecho. Lo veo llegar lento, como en la escena principal de una película de acción, tengo tiempo para esquivarlo y desplazarme a una esquina. Y a lo mejor luego podría ganar, y salir con aquella chica esta noche. Podría convertirme en campeón, luchar contra otros campeones como yo, demostrar que soy el más fuerte y que eso es lo que quería de la vida. Mario estará orgulloso de mí y volverá a ser lo que fue, a sus ojos y a los ojos de todo el mundo. El puñetazo del negro me ha llegado casi a la nariz, veo que sonríe orgulloso, se lo imagina, o a lo mejor está convencido. Bajo la guardia. Lo siento Mario.
martes 28 de abril de 2009
LAS AÑORANZAS DE LA VAGINA DE UNA MERETRIZ
Con el pasar del tiempo había aprendido a distinguir las noches solamente por su grado de cansancio. En la oscuridad todos los rostros parecen iguales, y las voces atenuadas por los suspiros sexuales a los cuales un destino que no había elegido le había abandonado, no ayudaban a entender a que punto del abismo había llegado su existencia. Por eso, cuando las farolas de la calle se apagaban para dormir, se encontraba reflejándose en el agua perfumada de un bidet, que reflejaba sólo sus desilusiones, enjuagándose con tristeza y jabón PH neutro.
Todas las noches, en aquel rito que anunciaba un reposo que se parecía a un coma vigilante, estaba obligada a encontrar las manos y su soberbia de nobles decadentes. La izquierda era la más severa, y parecía que consiguiese atenuar sus frustraciones, recordando a la vagina de que estirpe indigna provenía. “Mírala“, susurraba a la mano derecha en voz alta para hacerse oír, “Mira como huele esta puta… Debe de ser la cercanía a la orina o a los huéspedes que la llenan hasta hacerle explotar, o a la costumbre de venderse para sobrevivir, lo que la ha privado hasta de la tentación a la dignidad. “Que suerte infame ha querido dividir este cuerpo con una vergüenza como ésta..”. La vagina no contestaba, limitándose a limpiarse las lágrimas con el agua del lavabo, rezando para que el agua se llevase a ella también por el desagüe.
Con el paso del tiempo, te acostumbras a todo, también a la falta de luz, a la falta de perspectivas, y se aprende a medir la duración de un día contando simplemente el grado de cansancio de cada uno.
Las manos, aquella noche en el bidet, parecían aún más agresivas. Sus lenguas no paraban de herir la dignidad de la vagina cansada ya hasta de sus propias lágrimas, que no desaparecían de su rostro ni con el agua caliente y el jabón neutro. Le habría gustado decirle que las manos habían perdido la dignidad mucho antes que ella, en la noche de los tiempos, cuando aprendieron a usar una azada y a hacerse callos para servir a un patrón que ni siquiera habían visto nunca.Quería decirle que miles de bidet con el jabón más puro del mundo no habrían podido iluminar sus rostros sumergidos durante años en la grasa y el aceite de las cadenas de montaje, para regalar a sus hijos un futuro de perros amaestrados, para vender su cuerpo y sus aspiraciones a cerdos vestidos con corbata. Me habría gustado gritarle que la única diferencia entre su vida y la de ellas, era sólo una diferencia de precio. Intentó lanzar aquellas palabras en forma de flecha, poniéndolas en un arco de nerviosismo que parecía que se iba a romper de lo tenso que estaba.
Pero después el agua comenzó otra vez a correr abundante y fresca, enterrando los pensamientos bajo kilos de blanda espuma. “Se lo diré tarde o temprano”, pensó mientras veía sus lágrimas desaparecer otra vez, cada vez más hondo, en el desagüe de un bidet.
lunes 27 de abril de 2009
EL AMIGO DE CRISTO
- ! Este plan! Pero, Cristo , !pensaba que eras más despierto! Esta bien, te lo repito, pero presta atención porque son ya dos horas que estamos aquí y no tengo toda la eternidad para hacértelo entender…
- Pero Caspio, la eternidad te pertenece en mi reino…
- Si vale, aún con esta historia del reino que nadie ha visto nunca, que está en el cielo… Bueno, presta atención,¿Ok?
- ¿Qué quiere decir Ok?
- Pero Cristo, ¿dónde coño vives? Bueno, escúchame, pero hazlo con mucha atención…
- Lo intento, venga…
- Bueno… Es sencillo: somos amigos,¿no? ¿Te acuerdas en la escuela cuando Funcio todos los días te partía los dientes para robarte la merienda y tú, en lugar de reaccionar, te quedabas quieto recibiendo los golpes, porque decías que había que poner la otra mejilla u otra parte del cuerpo que ahora no me acuerdo? ¿Quien te salvaba el culo,eh? ¿Quien hacía callar a Funcio y a sus amigos, eh?
- Tú Caspio… Claro que me acuerdo pero…
- Silencio, escucha. Y aquella vez que he renunciado a salir con Magdalena sólo porque sabía que te gustaba, aunque tú en la lista de los más guapos de la clase habías llegado penúltimo y a ella le gustaba ese alto, ese…
- Judas
- Eso, muy listo él. Pero yo he hablado con ella y tú al final te la has ligado. Te acuerdas, ¿verdad?
- En realidad estaba borracho y…
- ¿Pero qué tiene que ver? Era sólo para hacerte entender cuanto tiempo hace que nos conocemos y cuanto estamos unidos tú y yo, lo entiendes,¿verdad?
- Claro Caspio, yo te amo…
- Bueno, tampoco exageres ahora… En fin, después has crecido, te has convertido en un chico guapo, robusto, y has empezado a hacer esos trucos, esas cosas raras…
- Milagros, Caspio, hago milagros…
- Milagros…Bueno…un día dijiste también esa historia de los tres millones de puestos de trabajo, pero después…
- Es que papá no me dejó…
- !Ya está bien con este papá! ¡Tienes treinta años Cristo! Ya no eres un niño,¿OK?
- ¿OK? ¿Pero qué quiere decir?
- Mira que eres pesado Cristo… Escúchame y no me interrumpas…
- Como quieras Caspio.
- Bueno, a mí no me interesa saber como consigues hacer esas cosas que haces, ni quien te lo ha enseñado, pero no puedo pensar que con todos estos, digamos, poderes, tú y yo estamos aún aquí bebiendo vino de un euro el litro en este sitio de mierda…
- Pero Caspio, bienaventurados los pobres porque…
- Bienaventurados una mierda! ¿Pero no ves como vivimos? Te vistes con harapos, no tenemos ni un carro, ni un caballo. Las noches las pasamos entre los olivos mientras nos contamos los episodios de Happy Days, hablando de lo que tu padre quiere que te conviertas… Y mientras tú hablas los demás actúan, viven, se divierten, follan… ¿Qué futuro quieres que tengamos si continuamos así? ¡Somos jóvenes, Cristo! Y estamos echando a perder nuestra juventud persiguiendo este sueño del reino…
- El reino de los cielos existe Caspio, yo vengo de allí…
- Ya vale con estas historias, basta de tantas mentiras. Al principio eras simpático, extravagante si queremos, pero ahora estamos hablando de cosas serias, estamos hablando de nosotros y de lo que queremos ser, y no hay sitio para reinos imaginarios. ¿Lo entiendes Cristo?
- Tú no tienes fe Caspio…
- Vale no tengo fe, pero tengo cerebro. Y ahora te voy a explicar que tenemos que hacer para salir de esta miseria…
- Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos…
- Pero es facilísimo que este rico viva infinitamente mejor en un mes de existencia que nosotros y nuestros hijos hasta llegar al fin del mundo… Y yo, y también tú, nos merecemos un poco de bienestar…¿No crees?
- Yo creo solo…
- Déjalo ya coño… Hagamos esto: hazlo por mi,¿Ok? Hazlo por el amor que dices sentir por mi,¿Ok?
- Oq.
- ¡No oq, Cristo! Ok, ok, ok… Es sencillísimo por Dios… ¡Ok!
- Si perdona… ov…
- Eres cansino, demasiado….Entonces, entramos en el banco, tú dices “!Soy el Rey!”, y esto ya tendría que impresionar, después haces uno de tus trucos, un rayo, fuerte y violento, destruyes todo. Humo, llamas, confusión, desconcierto…En ese momento entro yo, con un saco en la cabeza, cojo todo y antes de que lleguen los centuriones nosotros estamos ya en Egipto.Y después, después una vida nueva… Entiendes, Cristo, una nueva vida, un futuro, certezas…
- ¿Pero papá qué dirá?
- Escucha Cristo, no pienses, por una vez, no lo hagas.Dices que comprendes a todos, entonces esfuérzate, y compréndeme..Somos amigos…Ámame…¿Ok?
- Ox…
sábado 25 de abril de 2009
EL LOBO MALO EN REALIDAD ERA UN BONACHÓN
Coja este libro por ejemplo: Caperucita Rosa. ¿Un libro qué es en realidad? Un montón de palabras escritas, signos que representan palabras, diseñadas por una persona para las personas.
La evolución natural de los cuentos que le contaba su abuela antes de ir a dormir cuando era un niño. Se acuerda, ¿verdad? Y después, a mí, los cuentos, nadie me los ha contado dos veces de la misma manera .El lobo malo, por ejemplo, una vez lo mataba el leñador, otra vez el cazador, que si además se hubiese muerto solo, pongamos resbalando con una hoja seca golpeándose la cabeza en una roca , ¿hubiese cambiado algo a la moral del cuento? El mal ha sido vencido, como todos esperan siempre, como siempre sucede, entonces, ¿a quién importa cómo ha sucedido? Es otra la cuestión. ¿Estamos seguros que sea el lobo el verdadero malo del cuento? No sé si me entiende… El lobo es un animal salvaje, y deje estar que las exigencias narrativas lo hacían hablar y pensar, en realidad no razonaba. Él seguía su naturaleza, tenía hambre y cazaba, le daba igual que fuese una abuela o una niña… Estos son sofismas de intelectuales aburridos. Usted no, usted no es así, ¿verdad? Usted me demuestra ser una persona práctica, de acción: tiene hambre y come, tiene sueño y duerme, tiene sed y bebe, si hay desorden lo ordena, si alguien grita y le molesta lo manda callar . El fin, como usted me enseña, justifica los medios. ¿Y si aquel pobre lobo salvaje, utilizado para representar las injusticias de la vida, para justificar la moral del cuento, hubiese muerto de hambre? El cuento en ese momento habría dado un vuelco: Caperucita Roja habría matado al lobo sin motivo, por maldad, castrando su naturaleza de animal vivo. ¿Se da cuenta? En un momento la historia no es aquella a la que estaba acostumbrado. Por eso están los libros : la tinta permanece allí, quieta, inmóvil junto a las palabras escritas, inmortalizadas, y las cosas no cambian nunca. Me sigue, ¿verdad? Mire, por ejemplo, los nombres en las tumbas. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué se escriben los nombres de los muertos en sus tumbas? En el fondo un muerto no podrá leerlo nunca, ¿qué le importa a un muerto, si está muerto, leer su nombre? El motivo es el mismo por el que se escriben los libros: para inmortalizarlos, para impedir que las historias cambien. Cada tumba una historia, un lobo malo muerto y una Caperucita Roja a salvo. Las tumbas hablan: miles de historias, de vidas pasadas, uno lee el nombre y el cuento comienza. Los nombres en las tumbas son la esencia de nuestra memoria, la historia de nuestra existencia que inmóvil y perpetua resiste al tiempo, en modo que si alguien dentro de cincuenta años lee nuestro nombre sobre la tumba, sabe inmediatamente qué hemos sido, qué hemos hecho y por qué estamos muertos.
Sé en que está pensando, es una duda legitima. ¿Y si alguien llega y, sin querer, mezcla las páginas del libro, pone el principio en el final, el final en el medio, mezcla todo y no se entiende de que habla el libro? ¿Qué le pasa a la moral del cuento si se crea una confusión dentro de la historia? ¿Qué pasa si la abuela se come al lobo malo y Caperucita Roja mata al leñador o al cazador? Pasa que nadie sabe que ha sucedido realmente, la memoria mengua con el pasar de los años, y en mitad del caos cada uno reconstruye la moral como la recuerda o, a lo mejor sin querer, cuenta el cuento al revés: el lobo malo es la víctima del cuento y Caperucita Rosa es sólo una niña malcriada que vuelca su rabia sobre un pobre animal indefenso.
Y es por esto que los nombres en las tumbas no se escriben en papel, sino esculpidos en mármol.

